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Editorial
A seguir desescalando el conflicto
Sería la oportunidad para que sus miembros lo digan públicamente y tomen la decisión respectiva.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 4 de Diciembre de 2025

Treinta y nueve ciudadanos son los que volvieron a la libertad hasta el momento, todos civiles, dentro de  la cruenta y absurda guerra del Catatumbo entre el Ejército de Liberación Nacional y la disidencia de las Farc. La primera organización mencionada dio ese paso.

Lógicamente en algo hay que coincidir con la sociedad de que  afortunadamente retornaron con vida luego de permanecer en cautiverio, dentro de la degradación del conflicto armado que estamos viviendo.

Todos deben ser bienvenidos para  que puedan estar en casa festejando las fechas navideñas al recuperar una libertad que les fue arrebatada en medio de unos enfrentamientos entre organizaciones armadas ilegales, quienes los hostilizaron de una manera  que va en contravía del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Aunque estos gestos son válidos por parte del Eln, que pareciera  estar mostrando una posibilidad de contener los enfrentamientos y dejar de lado a los habitantes de las zonas catatatumberas, sin posiblemente volverlos a considerar como potenciales personas a ser atacadas, por señalamientos absurdos, la intranquilidad persiste.

Es que dentro de quienes  fueron devueltos con vida a una comisión humanitarias se encuentran cinco niños que debieron soportar el secuestro por uno de los bandos en contienda que desataron la más grave crisis humanitaria y de violencia que surgió desde mediados de enero de 2025 y que todavía no para.

Estas entregas humanitarias tienen que continuar hasta que no quede nadie en poder de esa organización,  momento este que igualmente debería servir para precisar si la disidencia tiene o no en su poder a habitantes en cautiverio. 

Sería la oportunidad para que sus miembros lo digan públicamente y tomen la decisión respectiva.

Ya es oportuno que en aquella subregión nortesantandereana lleguen momentos de tregua y de cese del sonido de los fusiles y de las bombas y se desescalen esas operaciones que cuando llegue el momento del balance mostrarán a los colombianos que traen consigo los peores escenarios de asesinatos, desplazamiento, desapariciones, reclutamiento forzado de menores, desapariciones, confinamiento obligado, secuestros, minado, uso de drones explosivos y ataques contra la Fuerza Pública.  

Al hacer un repaso de algunas de las consideradas incursiones contra los civiles desarmados, el número de los 39 que fueron dejados libres, marcan un escenario de recordación de hechos que se creían hacer parte de unos momentos de gran intensidad que mantenían al país sumido en altos niveles de belicosidad,  muy parecidos  a los de hoy.

Se trata  de los campamentos en que las antiguas Farc mantenían en cautiverio a numerosos miembros de la Fuerza Pública y a civiles. Es que no debemos dejar pasar por alto que en la guerra catatumbera se replicaron acciones que en su momento usaron los paramilitares y los grupos alzados en armas.

Es hora de reclamar que en 2026, en el triste aniversario de esta fecha lucruosa sobre la cual es indispensable analizar a profundidad por las consecuencias, incidencias y muestras de la forma en que va transformándose el conflicto armado en otras regiones colombianas.

Que el 2026 llegue con este foco encendido pondrá en severa crisis a la misma política de ‘Paz Total’ y tendrá una delicada incidencia para el desarrollo de las elecciones de congresistas y presidente,  en marzo y mayo, próximo.


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