

Marzo avanza con un recuerdo que hace cinco años marcó a la humanidad como fue la pandemia del coronavirus que aparte de paralizar temporalmente al planeta lo puso en una emergencia global que afectó a la economía y la vida diaria.
Superada la crisis sanitaria, entre las enseñanzas que nos dejó se encuentra aquella relacionada con tener un muy fuerte, robusto y consolidado sistema de salud de la mano con la ciencia, la tecnología y la inversión para garantizar la cobertura y el mejoramiento de las capacidades para atender a quienes lo requieran.
Lastimosamente, para el caso colombiano lo anterior todavía está muy lejos de ser posible por la crisis crónica y el deterioro continuado que ha sufrido, como lo muestra el hecho de que ni siquiera se les puede garantizar a los pacientes el suministro adecuado de los medicamentos para atender sus males que los agobian.
Aquí la misión entre el Gobierno nacional, el Congreso de la República, las EPS, las IPS, los pacientes y la ciudadanía debe ir dentro de un programa en el que prime la concertación para que la salud ni sea bandera política ni un gran negocio, sino que constituya un servicio al que haya acceso con todas las garantías y en el que los recursos sean resguardados del cáncer de la corrupción.
Tener una política y una estructura de instituciones de salud pública y privada fuertes son indispensables para los países, no solamente porque requieren brindar altos estándares de atención, sino porque la amenaza de otra pandemia como la que estalló en 2020 está latente.
¿Puede repetirse una catástrofe similar? Para la Organización Mundial de la Salud, la próxima pandemia solo es cuestión de tiempo, es decir, puede aparecer en cualquier momento. “Definitivamente habrá una próxima vez y será durante nuestras vidas, el mundo aprendió que los patógenos no respetan fronteras y que es del interés de todos trabajar juntos”, como lo advirtiera Maria Van Kerkhove de la OMS.
En el otro extremo se encuentra un aspecto positivo de esa amarga experiencia es que los humanos quedamos ya inmersos en el teletrabajo, las clases virtuales en colegios y universidades, la telemedicina y la virtualidad judicial, al servir aquella temporada para la masificación de estas alternativas que hasta aquel entonces solamente eran de uso restringido, en muchos casos estaban en nivel experimental y en otros solamente eran casi que de uso exclusivo.
Fue un cambio importante que durante la pandemia ayudó a salvar vidas y a reanimar actividades naturales y necesarias como el de la educación a través de sistemas computarizados que facilitaron la vida en esa nueva realidad y que se quedó entre nosotros por la versatilidad y apoyo generados en las labores ordinarias.
La vacunación también probó ser una fuente efectiva para contrarrestar los impactos devastadores del coronavirus, pese a las teorías conspirativas y de quienes dudaron de su efectividad o plantearon que los biológicos sirvieron para instalar elementos de control a quienes se vacunaban.
Por el coronavirus en Colombia se han contabilizado 6.4 millones de casos, 126.000 de ellos en Norte de Santander, mientras que el número de personas que perdieron la vida por la COVID-19 se situó en 143.485, mientras que en el departamento hubo 5.215 muertes por esa enfermedad.
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