"Anuncio la llegada de un grupo especial de la Dirección Antinarcóticos de la Policía a la ciudad”, le dijo a La Opinión el comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, coronel Fabio Ojeda, en una revelación que implicará operativos especiales contra los carteles mafiosos.
Una lucha sin cuartel contra los jefes y ‘barones mafiosos’ del narcotráfico en la región es indispensable para cortar la principal fuente de financiamiento del conflicto armado. Es hora de golpear a las cabezas visibles de esa pirámide de la economía ilegal cocainera que parecen sentirse en un ‘paraíso’ en esta zona fronteriza con Venezuela, donde se ha asentado con fuerza el multicrimen transnacional como los carteles de Los Soles y de Sinaloa y El Tren de Aragua, por ejemplo.
La asfixia financiera de esos grupos que van desde el Eln y la disidencia de las Farc que ya llevan 10 meses disputándose a sangre y fuego el control coquero del Catatumbo, lo mismo que el Clan del Golfo y las bandas criminales, es necesario hacerla para debilitarlos y llevar a sus integrantes ante la justicia colombiana o internacional, dependiendo el caso.
Pero lo cierto es que aquellos que pudiéramos llamar ‘narcos invisibles’ hay que sacarlos de sus zonas de confort y perseguirlos y aplicarles el Código Penal por la multiplicidad de delitos que su actuación en el bajo mundo le provoca a la sociedad.
En ese sentido, en el área metropolitana y otros municipios de Norte de Santander esas operaciones deben centrarse en golpear la bien montada red de testaferros para intentar ocultar sus inmensas fortunas levantadas a base del tráfico de estupefacientes.
Ese poderoso eslabón de la cadena es muy ocasionalmente atacado, ante lo cual resulta siendo un buen mensaje que se haya decidido traer a esas unidades especializadas de antinarcóticos.
Desde hace mucho tiempo se venía planteando en la capital nortesantandereana la urgencia de que el testaferrato con su lavado de activos fuera puesto en el foco de la lucha contra las drogas ilegales.
Para hacer notar la peligrosidad que esa clase de delincuencia genera en ciudades como la nuestra está el caso del supuesto empresario y ganadero venezolano muerto a disparos a la entrada de un colegio, en una acción comando de sicarios contratados por narcos mexicanos y del Cartel de Los Soles por la presunta pérdida de unos cinco millones de dólares.
Desbaratar esos emporios del crimen organizado resultan siendo la mejor opción para reducir la criminalidad local y sofocar los efectos colaterales que se generan desde el Catatumbo.
Cúcuta tiene que sacudirse de la influencia de los capitales mafiosos que permean la sociedad con graves síntomas de corrupción desbordada, inseguridad ciudadana y la pérdida absoluta de valores éticos y morales.
Hay que respaldar esta clase de acciones anunciadas por las autoridades porque también podrían llegar a tener un efecto catalizador del auge de la criminalidad internacional en la frontera colombo-venezolana que también requiere sacudirse de ese mal endémico que la ha llevado incluso ahora a estar dentro de un oprobioso señalamiento conocido como la triada del crimen latinoamericano.
Además, se debe dejar bien claro que esos capos del grupo armado ilegal o del cartel que sean y sus lavadores de dinero y de activos deben ser dejados al margen de cualquier negociación de paz e ir a pagar por los crímenes.
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