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Editorial
Perdió sus ideales en el Catatumbo
Hay algunas cosas que llaman la atención que muestran un doble discurso entre los máximos líderes de este grupo armado organizado.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 1 de Febrero de 2025

Los 16 días del Catatumbo bajo fuego desenmascararon a un grupo que desde hace décadas se enquistó en esa región de Norte de Santander como lo es el Ejército de Liberación Nacional (Eln) que en la actualidad ya no es visto ni percibido como guerrilla sino más bien parecido a los paramilitares, al perder allí sus presuntos ideales de defender al pueblo y terminar atacándolo y persiguiéndolo.

Por algo será que la Unión Europea condenó su actuación y tildó de gravísimos los ataques cometidos contra la población civil que en una cantidad superior a las 50.000 personas han salido huyendo.

Hay algunas cosas que llaman la atención que muestran un doble discurso entre los máximos líderes de este grupo armado organizado.

Cuando el Eln estaba en la mesa de conversaciones continuaba con los ataques contra la fuerza pública, las hostilidades y hostigamientos hacia la población civil y progresaba en su crecimiento de hombres, territorios dominados y control de  las economías ilegales.

Ahora que el Estado con el Ejército y la Policía lanzó la operación defensiva para rescatar la seguridad de la zona y devolver la paz y la tranquilidad a los pobladores, el Eln cambia el discurso y  afirma que la Conmoción Interior, cuyos culpables directos de que este mecanismo de excepción se haya aplicado son ellos y la disidencia de las Farc, es la ‘guerra total’.

Tampoco se entiende que estando en las negociaciones con el Gobierno nacional dentro de la política de ‘Paz Total’ esa guerrilla lanzara la sangrienta persecución contra sus enemigos de la disidencia, llevándose por delante los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

Además, Antonio García, uno de los cabecillas por los que el Estado ofrece $5.000 millones de recompensa por su paradero, y a quienes la Fiscalía responsabiliza penalmente por la tragedia del Catatumbo, cuestionó al presidente por estar “subordinado a la doctrina militar del Pentágono de la Seguridad Nacional y además potencia y trata de legitimar a las diferentes expresiones del paramilitarismo”.

Y claro, esta reacción de la organización considerada que en su ataque al Catatumbo salió a ‘cazar’ casa a casa a quienes considera sus enemigos, fue la respuesta a los duros señalamientos lanzados por el  presidente Petro que ahora la considera como “Eln-paramilitar” por su forma de actuar en esta zona, con la cual se está condenando.

Los nortesantandereanos, de una u otra manera han sufrido en carne propia la violencia desatada por el grupo guerrillero   a lo largo de los años con sus  ataques a la infraestructura petrolera, el asesinato de periodistas, dirigentes políticos, las emboscadas a la Policía y el Ejército, el secuestro, la extorsión, el narcotráfico y demás delitos de toda índole.

Lo cierto es que ese pasado repleto de situaciones relacionadas con el conflicto armado no puede ni olvidarse ni dejarse pasar por alto sin justicia plena ni verdad ni reparación, mientras que este episodio sangriento que estamos cruzando tampoco puede quedarse en los anales de la historia como un hecho ordinario. No.

Lo sucedido debe tener sus costos. Las víctimas no pueden ser burladas. Lo ocurrido hay que llevarlo hasta las últimas consecuencias ante la justicia nacional e internacional porque de lo contrario la búsqueda de la paz seguirá siendo utilizada como plataforma para eternizar un conflicto armado que tiene hastiados a los colombianos.


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