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Editorial
‘Película’ del terrorismo
La disidencia de las Farc es una estructura de extrema peligrosidad por sus métodos de terrorismo urbano que emplea.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 31 de Diciembre de 2021

Los primeros detalles que las investigaciones y evidencias técnicas y físicas arrojan sobre el atentado con explosivos en el aeropuerto internacional Camilo Daza, muestran como el terrorismo no tiene límites y opera como una transnacional del crimen, con recursos, contactos,  sistemas de contratación y  hasta formación en el exterior.

Este nuevo caso que estremeció a la ciudad, y donde el objetivo era una avioneta y dos helicópteros artillados de la Fuerza Aérea Colombiana dedicados a la lucha antinarcóticos, confirma que la disidencia de las Farc es una estructura de extrema peligrosidad por sus métodos de terrorismo urbano que emplea.

Por los atentados contra la Brigada Treinta del Ejército y el helicóptero presidencial y este reciente hecho, así como otras explosiones que suman nueve ataques en el segundo semestre, la ciudad quedó inmersa de nuevo en aquellas épocas en que era escenario de oleadas violentas similares.

Los relatos expuestos de la audiencia, dejan entrever como la disidencia de la desmovilizada guerrilla que no quiso acogerse al proceso de paz, maneja unos tentáculos poderosos para procurar mimetizarse al momento de ejecutar sus golpes contra las instituciones y la población civil.

Hasta el propio ministro de Defensa, Diego Molano, no tiene claro el por qué Jhon Mechas, máximo jefe de la disidencia de las Farc, no utilizó a sus explosivistas sino que  decidió contratar para ello a miembros de una banda que delinquía en Medellín, los cuales fueron capturados y quienes no se allanaron a los cargos  que se les imputó, como son los de homicidio y tentativa de homicidio agravados; terrorismo; y fabricación, tráfico y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso privativo de las Fuerzas Armadas o explosivos.

Ojalá eso hubiera sido solo el guión de una película de acción, en la que los escogidos mediante contratación por ‘outsourcing’  como perpetradores -para poner las maletas-bomba- fueron llevados a un país vecino a recibir instrucción en el manejo de artefactos explosivos.

Pero tristemente se trata de un episodio de la realidad, en el que Venezuela, según lo expuesto en la audiencia y territorio en el que siempre se ha advertido que la guerrilla tiene campamentos y que les sirve igualmente para esconderse y ahora también sería una especie de ‘escuela’ para el entrenamiento.

Dinero, contactos y la particular ruta en que están marcados Medellín, el Catatumbo y el otro lado del Táchira, muestran que el accionar terrorista se maneja como una transnacional del crimen que tiene en ascuas a la capital de Norte de Santander, que asiste a escenas macabras como la muerte de dos policías y uno de los atacantes, por efecto de las poderosas explosiones de las bombas.

Al ir desmenuzando todo lo ocurrido, vuelven las preguntas  que inquietan a la ciudadanía y que los entidades de seguridad del Estado tienen que contestar y resolver: ¿la inteligencia militar y policiaca está fallando?,  ¿qué  les hace falta para que a sabiendas de que un lugar tan sensible y estratégico como el aeropuerto de la principal ciudad de la frontera, esté tan desprotegido desde ese punto de vista?

Es que así como quienes atacan al Estado actúan cinematográficamente, los organismos estatales deberían también tener las capacidades de anticipación suficiente con las tecnologías y equipo humano adecuados, a sabiendas de que por lo que estamos viendo, el conflicto armado ya no afecta ni se centra por allá en la lejana selva, sino que sigue urbanizándose fuertemente y pareciera que a Cúcuta la tuvieran de ‘conejillo de laboratorio’ para ello.
 

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