Más de 800.000 habitantes de Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario serán los beneficiarios del Acueducto Metropolitano Francisco de Paula Santander, cuyas obras deben de estar terminadas en el primer semestre de 2022, de acuerdo con los estimativos.
La promesa que se ha escuchado desde el primer día que surgió la idea de desarrollar el proyecto, es que una vez quede listo, por los grifos de los usuarios de los importantes municipios metropolitanos saldrá el preciado líquido las 24 horas, dejando los racionamientos como asunto del pasado.
Recordemos que por los episodios ocurridos en 2007 y 2011 cuando el río Pamplonita fue afectado por el derrame de petróleo que alcanzó también la planta de El Pórtico, gran parte de la ciudad quedó durante varios días sin el servicio de agua potable.
Su descripción precisa señala lo siguiente: está conformado por tres subproyectos: 1, 3 y 4, los cuales conforman un sistema funcional que va desde la captación del recurso hídrico en San Cayetano (pileta de sello de Termotasajero), hasta la planta de tratamiento de El Pórtico, y hasta su almacenamiento en los tanques elevados del 1 de Mayo y Cumbres Bajas, en Villa del Rosario y Los Patios, respectivamente.
Hoy, la expectativa es grande, puesto que el último informe registra un avance total equivalente al 81% en el desarrollo de los trabajos de los distintos componentes que lo integran, y en realidad se trata de una importante megaobra desde todo punto de vista.
Por ejemplo, los aportes de la Nación llegan a $100.446 millones, los del departamento $39.919 millones, y los de Ecopetrol a $267.750 millones, lo cual indica que desde el punto de vista de la inversión, se trata de un plan de gran envergadura, no solo en la región sino en Colombia, en el sector del agua potable.
Igualmente, se calcula que una vez comience a funcionar, la operación de este proyecto se estima en unos cincuenta años, garantizándoles la continuidad del servicio a los habitantes de estas tres importantes localidades, compromiso que implica una gran responsabilidad por parte de las administraciones municipales y de quien asuma su operación, en la cual deben de tener las mismas opciones el Estado como ente municipal o quienes se presenten como operadores privados.
Este asunto resulta de la mayor trascendencia y requiere que se haga sin tintes de politiquería ni de favorecimiento ni mucho menos de corrupción, porque se trata nada más y nada menos que de asumir un negocio también de gran calado, por la cantidad de usuarios a manejar. Ahí debe darse una importante deliberación con el beneficio de la comunidad como norte.
Otro de los impactos favorables se relaciona con el impulso al desarrollo urbanístico ordenado y en el cual se les garantice a los habitantes este servicio domiciliario tan importante pero, obviamente, con un manejo cuidadoso en las tarifas y también en la conservación preservación de los ríos Zulia y Pamplonita que serán sus surtidores.
Un asunto adicional es el relacionado con lo expuesto recientemente por el viceministro de Agua y Saneamiento Básico, José Luis Acero, quien habla de 2030 como meta para alcanzar en Colombia el acceso universal a los servicios de agua y saneamiento básico.
Eso ya está a la vuelta de la esquina y es vital que obras como el Acueducto Metropolitano se concluyan y empiecen a funcionar adecuadamente, lo antes posible, y sin tropiezos generados por quienes ven allí una ocasión para tratar de hacer de las suyas a costa de todos.
