“Señor Maduro, acepte los resultados electorales y renuncie”. No se lo mandó a decir la oposición venezolana. Tampoco es un aviso salido desde la Casa Blanca.
Es un mensaje con todo el poder que da el hecho de ser manifestado por el Comité del Premio Nobel y que deja sin argumentos al régimen chavista que también sintió el remezón generado por la asignación y entrega del Nobel de Paz a María Corina Machado.
Al no tener ningún tinte político-partidista ese reclamo escuchado por todo el mundo desde Oslo (Noruega), adquiere mayor potencia por tratarse de una institución que cuida de la paz y que promueve y resalta la ciencia y la literatura.
Hay ocasiones en que las palabras precisas dichas en el momento oportuno por la instancia más adecuada para ello tienen el efecto demoledor conducente a generar aquella transformación que todos anhelan. Y Venezuela y el mundo libre confían que ese instante se esté empezando a producir por el bien de millones de personas.
De verdad que lo mejor para Venezuela y América Latina es la transición pacífica hacia la democracia en esa Nación con el fin de dar paso a la reconstrucción nacional, el rescate de la economía y de la emblemática industria petrolera.
Ya ha sido suficiente el sufrimiento de los venezolanos que han padecido hambre, persecución, destrucción de sus entornos familiares, estigmatización, detenciones ilegales y desapariciones, generando todo este terrorismo de Estado una diáspora de más de siete millones de personas dispersas por el mundo.
Que se vayan de Miraflores es la mejor vía para que cesen los crímenes de lesa humanidad y todas las acciones ilegales activadas por el régimen de Nicolás Maduro para “enterrar la voluntad del pueblo” que en las elecciones presidenciales de julio del año pasado se expresó en las urnas pero cuyos resultados no fueron respetados ni acatados por un gobierno a todas luces ilegítimo que de esta manera desconoce el derecho al voto.
El Nobel de Paz para Venezuela representa la llave con la cual el pueblo de la patria hermana tiene la real opción de abrir las puertas para desalojar a la dictadura y facilitar que ingrese otra vez la democracia.
Este nuevo aire que reciben quienes están luchando porque las libertades retornen al territorio venezolano debe servir para que se ponga fin al actual estado de cosas y se desarrollen las acciones indispensables para lograr ese cometido.
Maduro en el reflejo del Premio Nobel de Paz es el momento que entienda que el tiempo se le terminó su atornillamiento al poder. Todo en exceso es malo. Eso debe comprenderlo y entenderlo, máxime cuando las mediciones señalan que sus efectos han resultado excesivamente dañinos para la población.
Lo anterior adquiere mayores connotaciones cuando en el discurso de María Corina Machado, leído por su hija Ana Corina Sosa al momento de recibir el premio recuerda con insistencia: “si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar por la libertad”.
En conclusión, el Nobel de Paz debe servir como un símbolo que sirva para romper las cadenas que durante años han sido utilizadas para mantener sometido al pueblo venezolano por parte del régimen madurista que persiste en pertrecharse en el poder.
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