Cerca de 840 millones de mujeres en todo el mundo, casi una de cada tres, han sufrido violencia física o sexual al menos una vez en su vida, revela un informe de la Organización Mundial de la Salud.
Es tan crítico el panorama, que el reporte lo describe como una “emergencia de salud pública mundial”. Según esa caracterización, se trata de una amenaza latente que va expandiéndose.
Y así es que llegamos al Día Internacional de la Violencia contra la Mujer, previsto para el 25 de noviembre, que bien debería transformarse en un punto de partida hacia la adopción de acciones más contundentes contra ese flagelo.
Pero hay que alcanzar una mayor toma de conciencia porque el solo hecho de que los fondos destinados para enfrentar este problema apenas equivalgan al 0,2% de la ayuda global al desarrollo, demuestra que la humanidad poco interés tiene por tomar acciones reales.
Los enunciados de solidaridad y aquellos llamados de apoyo hay que acompañarlos de programas eficientemente financiados, una acción contundente de la justicia, al igual que la activación de planes educativos y de cultura ciudadana dirigidos a prevenir la violencia de género e inculcar el respeto a la vida y la integridad de la mujer.
Lo anterior encaja dentro de la desalentadora observación de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, de que “la violencia contra las mujeres es una de las injusticias más antiguas y generalizadas de la humanidad, pero sigue siendo una de las que menos se combaten”.
En todo el mundo, lo más habitual es que las agresiones provengan de las parejas masculinas. Solo en los últimos 12 meses, 316 millones de mujeres de 15 años o más (el 11% del total) sufrieron al menos un caso de abuso físico o sexual por parte de su pareja, lo que incluye ser obligadas o coaccionadas a mantener relaciones sexuales, ser abofeteadas, golpeadas, arrastradas, maltratadas o amenazadas o agredidas con una pistola, un cuchillo u otra arma.
Leyendo lo anterior que aparece escrito en la página de la OMS inmediatamente se reviven cuestiones relacionadas con el conflicto armado o la tecnología, encontrándose que efectivamente dichos factores también ahora están impulsando la elevación del número de casos de violencia contra la mujer.
Si nos detenemos en Norte de Santander, se advierte que la agudización de la guerra en el Catatumbo ha afectado con sus hostilidades a las mujeres a quienes afecta el desplazamiento, las amenazas y el confinamiento.
Entre tanto, el 22,8% de las mujeres latinoamericanas han sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas, algo por debajo de la media mundial del 25,8%.
Países como Bolivia (52,8%), Costa Rica (34,2%), Argentina (33,8%) y Colombia (29,8%) se sitúan por encima de la media, de acuerdo con la OMS, mientras América Central es la región del mundo con la mayor tasa de mujeres víctimas de violencia fuera de la pareja (23,3%).
A este repaso fundamentado en datos hay que anexarle un hecho igualmente dramático y es la violencia contra la mujer en las plataformas en línea que es una seria y rápida amenaza que pretende silenciar las voces de muchas de ellas, especialmente aquellas con una alta presencia pública y digital en ciertos ámbitos como la política, el activismo o el periodismo.
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