En Norte de Santander se están viviendo múltiples situaciones que tienen a la población convertida en inocentes, porque haciendo un parangón son muchos los Herodes que hoy están al acecho.
Ya sea como víctima. O instrumentalizada. O manipulada. O sometida. O amenazada, la población se encuentra acorralada en medio de diversidad de situaciones adversas.
Hay que hacer lo que sea necesario para superar esos pasajes oscuros y procurar poner a salvo a los inocentes de hoy, que prácticamente somos todos.
La polarización nos convierte en víctimas al caerse en riesgos de ser estigmatizados por pensar diferente y de abstenerse de actuar dentro de unos parámetros antidemocráticos.
Y ni hablar del microtráfico que es un disparador de la inseguridad ciudadana urbana que aparte de consumir a más personas en el laberinto de las drogas ilícitas también las utiliza para sus fines perversos al tiempo que es un factor amenazante para el liderazgo social comunal.
Otro Herodes al que debe darse más visibilidad, desplegarse una más activa y operativa persecución judicial y policial, al igual que de manera urgente aplicarle la sanción social, es el testaferrato y el lavado de activos que tanto daño le han ocasionado a la región y la ciudad.
Su perversa influencia hay que detenerla, revertirla y empezar a desmontarla puesto que su filosofía del dinero fácil, la traquetización y la corrupción lo que ha hecho es afectar de manera severa a la sociedad.
Pero en el escenario nortesantandereano y fronterizo colombovenezolano abundan otros Herodes poderosamente dañinos que han convertido a Norte de Santander en uno de los departamentos con mayores índices de violencia rural y urbana, desplazamiento forzado y reclutamiento de menores para convertirlos en combatientes de los grupos armados ilegales que, por cierto, dicen querer la paz.
Las anteriores líneas suenan muy fácil al leerlas, pero consignan un dolor inmenso si notamos cada uno de los componentes generadores del conflicto armado y sus graves consecuencias sobre la población civil que resulta siendo víctima del hostigamiento, persecución y muerte.
Lo más traumático de todo es que en ocasiones el mismo Estado se termina convirtiendo en un Herodes por su lenta o nula reacción, el desbordado beneficio a organizaciones que usan las negociaciones de paz para fortalecer su aparato terrorista y su economía ilegal, o por el abandono y pérdida de control territorial y de autoridad en vastas zonas.
Contra esa abundancia de Herodes, que como la hierba mala surge y crece por doquier,
hay que lanzar una gran cruzada desde los diferentes estamentos sociales y de los poderes públicos en una alianza por la recuperación de la región que no puede quedar condenada ni atada a este viacrucis interminable del que es urgente salir.
De estos Herodes es urgente despegarnos para que Norte de Santander sane sus heridas, salve la vida y logre el camino de la paz, la reconciliación, el progreso y la justicia social. No podemos seguir siendo un territorio de inocentes perseguidos por la banda de Herodes.
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