La Convención sobre los Derechos del Niño expone la importancia de reafirmar la protección de los niños ante los perjuicios causados por su participación en los conflictos armados de manera forzada.
Tanto en Norte de Santander, Colombia y otras partes del mundo es necesario proteger a los niños del reclutamiento forzado y evitar su participación en acciones bélicas, confrontaciones armadas, como informantes o cualquier otra forma de utilización como miembro de las organizaciones armadas ilegales.
Desde 2002, con el propósito de mantener siempre vigente una voz de alerta y para hacer sonar las alarmas, se instituyó el 12 de febrero como el Día de las Manos Rojas.
Esta fecha simboliza levantar las manos pintadas de rojo para hacer un llamado global con el propósito de rechazar el reclutamiento, uso y vinculación de menores de edad en la guerra.
Además, sirve para lanzar la notificación de que las estructuras armadas ilegales no solo reclutan a la fuerza llegando a las casas o esperándolos en el camino a la escuela, sino que mutaron hacia las redes sociales para tenderles trampas con fabulosos ofrecimientos económicos para que dejen el cuaderno y los libros y salten al mundo de la criminalidad.
En momentos en que se produce esta nueva jornada de repudio, reclamo y exigencia para que haya un cambio en esa forma de operar por parte de los violentos, se conocieron análisis y datos sobre el comportamiento de este delito que destruye familias y afecta proyectos de vida.
El siguiente extremecedor comentario es de la UNICEF: Según los casos verificados por Naciones Unidas, el número de niños y niñas reclutados y utilizados por grupos armados en Colombia se ha disparado en un 300% a lo largo de los últimos cinco años, a medida que la violencia creciente sigue poniendo en peligro a decenas de miles de niños y niñas.
Y para reseñar que no se trata de ningún juego y que las secuelas pueden ser tan demoledoras como la misma experiencia dramática a la que son sometidos por los criminales que por la fuerza los llevan hasta las filas de las organizaciones al margen de la ley.
“Los efectos de estas traumáticas experiencias pueden perseguirles toda la vida, y es nuestro deber evitar que se produzcan”, es la notificación de la UNICEF. Esto tampoco puede tomarse a la ligera, porque en estos momentos estamos desconociendo cuáles serán los impactos que en la sociedad dejará este malicioso hecho.
Y entre los responsables de esa destructiva actuación encontramos, entre otros a la disidencia de las Farc de Iván Mordisco, señalado en un informe de la Defensoría del Pueblo por ser responsable del 47,1 por ciento de esos reclutamientos.
El Ejército de Liberación Nacional sigue con el 11,7%, el Ejército Gaitanista de Colombia o Clan del Golfo el 8,2%, otros grupos y estructuras en un 7,7%, el Estado Mayor de Bloques y Frente de Calarcá el 6,6%, la Segunda Marquetalia de Iván Márquez un 3,1% y otras disidencias el 15,6%.
Hay que hacer mucho más por proteger a nuestros niños que en número superior a los 1.200 en cinco años cayeron en las redes del conflicto armado, generando el riesgoso fenómeno de las infancias perdidas. La sociedad y el Gobierno colombiano tienen ahí una misión urgente.
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