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Editorial
Las ciclorrutas
Como se advierte, esto no hace parte de una acción aislada sino de toda una  política pública estructurada y dirigida hacia el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.
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La opinión
La Opinión
Martes, 11 de Febrero de 2025

Dentro de la movilidad sostenible e inclusiva en las ciudades aparece la utilización de la bicicleta con la adecuación de espacios exclusivos para la circulación segura de quienes la utilizan para desplazarse a diario por el entorno urbano.

Es decir, tiene que ser parte de un gran  plan general para facilitarles a los cucuteños -en este caso específico- contar con las facilidades para movilizarse en la ciudad con el fin de adelantar sus actividades diarias.

Como se advierte, esto no hace parte de una acción aislada sino de toda una  política pública estructurada y dirigida hacia el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.

En nuestro caso, aprovechando que el secretario de Tránsito Municipal, Johan Botello, habló recientemente de las ciclorrutas, hay que plantear varias inquietudes para que la planeación brille en la ejecutoria de las acciones a tomar en el campo de la movilidad.

Por ejemplo, la capital nortesantandereana necesita que se revise lo que se ha venido haciendo en el frente de las ciclovías, se midan los efectos reales que han tenido para facilitarles a este usuario de la vía el uso de las mismas y proceder a aplicar los correctivos que sean necesarios.

Las preguntas abundan en cuánto al efecto que estos espacios han producido sobre el tráfico vehicular. Esa medición es indispensable hacerla, porque la sensación que se percibe es que hay subutilización, que generan más problemas que beneficios, en algunos sectores, y que persiste la falta de cultura ciudadana.

Todavía está fresco lo sucedido en sectores como la calle 10, en donde la pasada administración habilitó un carril exclusivo para los ciclistas al igual que en el  parque Nacional, pero cuya efectividad sigue siendo objeto de cuestionamientos.

Sin necesidad de estudios técnicos la dura realidad muestra que se convirtieron en ruta para los motociclistas y en espacios para cargar y descargar mercancías y en se advierte que están empezando a ser usados por los vendedores ambulantes, o sea, su filosofía está desdibujada y tiene el rumbo perdido.

Quién no ha visto ciclistas circulando por entre los carros y no por la zona asignada para ellos. O quién no ha escuchado las quejas de los automovilistas de que se trató más bien de un recorte de le calzada provocando congestiones en el flujo vehicular. Y quién no ha escuchado que la ciudad no tiene una  extensión suficiente de ciclovías.

La lógica indica que tiene que haber una fuerte acción educativa y de conciencia ciudadana para que los pocos espacios tengan la utilización adecuada, pero todo esto dentro de una gran estrategia que conduzca a tener muy pronto un servicio de transporte público urbano metropolitano  renovado y una  red de ciclorrutas que cumpla la misión de mover a los ciclo-ciudadanos que prefieren este sistema sostenible, tanto por salud como por razones de reducir los niveles de contaminación medioambiental.

En concepto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una infraestructura segura para caminar y andar en bicicleta es un camino para lograr una mayor equidad en salud y proporcionar una forma de transporte accesible que al mismo tiempo es equitativo.


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