La Superintendencia de Transporte decidió ponerle el radar al problema del transporte pirata en Cúcuta y Villa del Rosario, por las denuncias que advierten que poco o nada estarían haciendo las autoridades de tránsito para contener ese problema.
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Está muy bien que se ponga en el centro de la discusión este asunto que también es asunto de otras localidades metropolitanas, como Los Patios y El Zulia, porque allí hay otros elementos que deben tenerse en cuenta para corregir las fallas que definitivamente lleven a marchitarlo.
Lo mejor para ello es la directa intervención de esa entidad de vigilancia para que determine las probables omisiones a la aplicación de las normas que castigan ese tipo de transporte informal, pero también tener presente los hechos que lo motivan, entre los cuales está la gran proliferación de taxis en el AM, ya que nunca se pudo realizar siquiera un censo de los existentes en la zona por motivos suficientemente conocidos.
Posiblemente no se han realizado las gestiones necesarias para combatir la ilegalidad de informalidad en el transporte público en su jurisdicción, con lo cual ha alterado el servicio público de transporte, se lee en uno de los apartes de la resolución emitida por la Superintendencia para el caso de la Secretaría de Tránsito de la capital de Norte de Santander.
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De algo muy similar habla para el caso de la dependencia que tiene el control de tránsito en el municipio histórico, pero cuyos pedidos de información al respecto no han sido debidamente respondidos.
Lo cierto es que vehículos particulares ofrecen el servicio de transportar pasajeros a diferentes barrios y a municipios del área metropolitana, tanto en el día como en la noche, advirtiéndose por parte de quienes han sido los denunciantes que esos vehículos ni tienen las especificaciones ni mucho menos cuentan con las pólizas de seguros contractuales y extracontractuales para el cubrimiento de siniestros en caso de accidentes, en los que resulten afectadas la salud y la vida de los pasajeros.
En eso tienen la razón los taxistas que elevaron las denuncias ante la Superintendencia con el argumento de la falta de controles contra el transporte informal en la región.
Es lógico que no puede admitirse la ilegalidad que debe ser contenida, y es indispensable ponerle atención a lo expuesto por voceros de la llamada mancha amarilla: “el transporte informal ya quiere llegar a los paraderos de taxis, ya no respetan a los taxistas, se creen taxis”.
Pero hay en la práctica falencias y hechos que indirectamente favorecen ese crecimiento de la aparición de los ‘piratas’.
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La más evidente es aquella relacionada con la falta de cubrimiento del servicio de transporte urbano a todas las comunas de Cúcuta y una marcada deficiencia en ciertas rutas tanto dentro de la ciudad como en el circuito metropolitano.
En la noche, después de las 9:00 o 10:00, esto es más notorio ya que no se encuentran ni buses ni busetas -desde hace mucho tiempo- razón por la cual ese servicio para estudiantes y trabajadores nocturnos, la mayoría de las veces es atendido o cubierto por los ‘colectivos informales’.
Por ello resulta indispensable que todos los hechos y argumentos se pongan en la mesa de discusión para tener una completa visión del problema en todas sus aristas, para llegar a soluciones que cubran los vacíos, corrijan los errores y decidan si habría que habilitar algunas rutas nocturnas.
Y claro, tener presente que lo urgente es también decidir lo del plan maestro de movilidad sostenible y segura de la ciudad, que incluya esos detalles de coberturas para que no subsistan estos inconvenientes que han venido acrecentándose.
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