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Editorial
La migración
Hay mucho por seguir aprendiendo en este campo de la migración.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 30 de Septiembre de 2023

Agencias de noticias como la AFP han presentado en las últimas semanas descarnados trabajos periodísticos sobre las rutas ilegales para el tránsito de migrantes, en una alta proporción venezolanos, que han decidido seguir la ruta hacia el Norte del continente en procura de materializar el sueño americano.

Norte de Santander, desde que estalló la crisis humanitaria de los refugiados que salieron en éxodo del vecino país, ha sido uno de los territorios colombianos con altos niveles de acogida y también de lugar de paso de quienes decidieron buscar un nuevo rumbo.

Entre enero y septiembre un récord de 380.000 personas han cruzado la selva del Darién en ruta hacia Estados Unidos, de ellos, el 59 % son venezolanos; el 13 %, ecuatorianos; el 11 %, haitianos; el 3% colombianos y los restantes, personas de variadas nacionalidades, como lo ha documentado la Defensoría del Pueblo.

Esta entidad indica que es clave la creación de un sistema de caracterización de la población migrante y que se habilite cuanto antes la apertura del Centro de Atención Fronterizo en en la zona selvática de Necoclí, para fortalecer la respuesta institucional.

Sin embargo, pese a esos llamados, las noticias que llegan de aquella ruta para escapar de la crisis social, política y económica son un indicativo de la cruda realidad de este fenómeno, que ahora se ha estratificado.

“Uno se expone a que le pase mucha cosa, porque esa selva es peligrosa de por sí, además hay extorsión, violaciones, hay de todo”, fue el relato de una ciudadana venezolana luego de haber cruzado la frontera natural del Darién, de 266 kilómetros de largo y 575.000 hectáreas de superficie, entre Colombia y Panamá, en una de las primeras etapas dramáticas hacia Estados Unidos.

Pero además la falta de recursos económicos les está complicando la vida a quienes se lanzan a esta riesgosa aventura, como lo detectara una comisión de la Defensoría del Pueblo.

La delegación que estuvo encabezada por el defensor Carlo Camargo, llegó hasta el municipio de Necoclí donde encontró que los migrantes, principalmente venezolanos, no cuentan con dinero  para pasar la frontera, por lo que se registra un aumento de esta población en habitabilidad de calle en diferentes zonas de localidades como Apartadó, Chigorodó, Carepa, Turbo y Necoclí.

En términos más claros, hay personas que se estancan en su aventura migratoria por física falta de recursos para su manutención, cayendo en la mendicidad al quedar atrapados en esa marejada.

Y otros venezolanos, que corrieron mejor suerte, después de semanas de recorrer peligrosas rutas, vivieron momentos agridulces en Eagle Pass, en la frontera de Estados Unidos con México, y encontrarse con un tupido enjambre de militares armados y alambre de púas.

Aquella situación permite recordar que desde octubre del año pasado, las autoridades estadounidenses interceptaron a 2,2 millones de migrantes en su frontera sur, según datos oficiales.

Pero también hay historias curiosas. Como la de una especie de migración estrato ocho, de la que hacen parte fundamentalmente chinos e indios que al llegar al Darién son tratados como reyes, puesto que llevan grandes cantidades de dólares, con los cuáles pueden pagar cómodos hospedajes, lanchas y mejores condiciones para atravesar la selva sin el viacrucis que viven venezolanos o haitianos.

Hay mucho por seguir aprendiendo en este campo de la migración, pero lo que sí debemos ser muy claros es que la solidaridad y la cero estigmatización tienen que ser las condiciones mínimas de comportamiento de las poblaciones de acogida.

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