

El cúmulo de hechos de violencia ocurridos este año en el Catatumbo y el área metropolitana de Cúcuta está comenzando a pasarles factura a algunos renglones de la economía local.
Todo lo sucedido en esta atípica temporada de degradación del conflicto armado, incluyendo los atentados terroristas y la violencia que ha venido en alza en municipios como Villa del Rosario empieza a reflejarse negativamente.
Que los empresarios de establecimientos nocturnos de la ciudad indiquen una caída de hasta el 35 por ciento en las ventas en lo que va de 2025 en la región, es un marcador preocupante sobre la incidencia que acarrea la creciente crisis de inseguridad.
No es solo percepción de que la seguridad está diezmada, sino que es temor y miedo de llegar a ser víctima de un hecho violento -masacre, ataque indiscriminado o atentado- por los enfrentamientos entre organizaciones al margen de la ley que hoy actúan sin importar que caigan inocentes.
Eso, sumado a los asaltos a negocios por parte de atracadores generan un ambiente de zozobra que lleva a las personas a cambiar sus hábitos y a dejar de acudir a dichos lugares para evitar correr cualquier riesgo innecesario.
El resultado lógicamente es desalentador para los dueños y administradores de los establecimientos, como bares entre otros que operan en las noches, porque esas caídas en las ventas son muy significativas, máxime cuando vienen golpeados de tres semestres anteriores con bajo movimiento.
Sobre los efectos de la cruda situación del Catatumbo en Cúcuta y el área metropolitana se ha venido advirtiendo que desdibuja gravemente la imagen de Norte de Santander como destino turístico emergente, lo cual conlleva un retroceso en los indicadores alcanzados en este campo en los últimos años en esta región del país.
Lo cierto es que en la ciudad y en los municipios aledaños hay que fortalecer las medidas de contención, prevención y recuperación de la seguridad ciudadana para que la confianza regrese entre los habitantes.
La respuesta de las autoridades encargadas de devolver la tranquilidad es la de consolidar las tareas operativas y ofensivas contra la delincuencia para de esta manera recuperar el control y golpear a las bandas criminales, la guerrilla y las organizaciones del multicrimen en el área metropolitana.
El fortalecimiento de esa estrategia de seguridad local, aunada a la activada para el Catatumbo y coordinada con las necesarias operaciones de vigilancia fronteriza, debe llevar a resultados favorables para aclimatar la paz.
Un reciente informe de Cúcuta Cómo Vamos, habla de que hay un indicador con importante nivel entre los habitantes, como lo es del orgullo por la ciudad, el cual se sitúa en el 55,4 por ciento.
Si pese a problemas relacionados con la salud, el desempleo y la inseguridad que hacen complicada la vida diaria, los la población está satisfecha con la ciudad, ahí aparece un elemento esencial que bien puede ayudar a construir una realidad mejor para la más importante ciudad colombiana en la frontera con Venezuela.
Esa alta estima ciudadana bien puede ser estimulada para que se transforme en una acción participativa real en procura de que entre todos ayuden a sacar adelante a la capital nortesantandereana.
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