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Editorial
Hace un mes
Conocida como la frontera más viva y dinámica de América Latina, ese potencial se hizo sentir durante esta reanudación del comercio bilateral.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 26 de Octubre de 2022

Se cumple el primer mes de la reapertura comercial de la frontera colombo-venezolana entre Norte de Santander y Táchira que en los buenos tiempos llegó a registrar el paso de hasta 250 tractomulas diarias con mercancías de importación y exportación por los puentes internacionales.

Conocida como la frontera más viva y dinámica de América Latina, ese potencial se hizo sentir durante esta reanudación del comercio bilateral.

Lo anterior obedece a que los cálculos para los primeros 30 días fueron conservadores, teniendo en cuenta que todos los graves inconvenientes surgidos a partir de 2015 más el rompimiento diplomático en 2019, dejaron maltrechos todos los lazos.

Desde el momento en que Carlos Flórez y Nelson Landínez, a quienes las agencias internacionales identificaron como los conductores que pasaron los primeros camiones, se esperaba que hasta diciembre las exportaciones e importaciones colombo-venezolanas alcanzaran el millón doscientos mil dólares.

Sin embargo, la realidad en los puentes internacionales Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar trajo una sorpresa: desde el 26 de septiembre al 21 de octubre, el intercambio bilateral con nuestro mercado natural registró dos millones 250.000 dólares.

Sumando Paraguachón, cuya zona aduanera ha permanecido abierta, más lo que se logre en lo que resta de 2022 por el cruce Táchira-Norte de Santander, el Gobierno Nacional calcula que este año las importaciones y exportaciones entre los dos países estén ente 800 millones y 1.000 millones de dólares.

Y más señales indican que no fue nada simbólico sino palpable, porque la cantidad de mercancía movida es de 1.550 toneladas en las diferentes operaciones aduaneras.

El otro aspecto que empieza a jugar a favor de la región es la recuperación gradual de los empleos vinculados a la logística y servicios tanto para el comercio internacional como para el transporte de carga.

Y del otro lado del Táchira, por cuyas aduanas se movían más de 1.000 cargamentos antes de 2015, se espera un gran movimiento a partir de noviembre, teniendo en cuenta que 250 empresarios venezolanos adelantan trámites para importar productos colombianos.

Por esa razón es que en Colombia el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo prevé para el año entrante que la cifra del comercio binacional se movería entre los 1.800 millones y 2.000 millones de dólares, lo cual indudablemente tendrá una repercusión favorable en esta zona del país.

En la complementación de este renacer económico que debe reflejarse en los habitantes fronterizos, hay que esperar que muy pronto los cielos de ambos países vuelvan a ser surcados por sus aerolíneas comerciales autorizadas.

La otra cuestión que ojalá quede parcialmente solucionada en lo que resta de 2022 y quede resuelta completamente a comienzos de 2023 es la rehabilitación de la red de consulados para que los nacionales de ambos países puedan solucionar cientos de situaciones represadas por efectos del cierre y desmonte de los mismos.

Otro aspecto que resulta de la mayor trascendencia por los múltiples impactos sobre la región es el de la reapertura del tráfico de vehículos particulares y de servicio público de pasajeros, lo cual no ha sido definido aún ya que requiere regulaciones bien calculadas, frente al registro de carros y motos de placa venezolana, hasta dónde se les permitirá circular a los que vengan de paso, por ejemplo, y qué pasará con ellos al momento de tanquear: ¿podrán comprar combustible subsidiado o solo les venderán el de precio nacional?

Ojalá el 26 de noviembre, cuando se cumplan dos meses de la reapertura haya respuesta a esas y otras inquietudes fronterizas.

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