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Editorial
¿Fórmulas inaplicables?
Después, cuando adquirían la gasolina venezolana en pimpinas, mucho más baratas que en las gasolineras que operan en la región.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 7 de Septiembre de 2023

Una compensación mensual para los taxistas y un mecanismo con el fin de llevar la tarifa gratis mediante un subsidio que se pagaría en el recibo de la luz, hacen parte de la discusión, que en Cúcuta  muestra algunas particularidades.

Para el caso de la ‘mancha amarilla’, integrada por cerca de 9.000 vehículos de servicio individual que circulan en los municipios metropolitanos, hay que indicar que este gremio siempre pone de por medio el precio de la gasolina para exigir el alza de las tarifas.

Lo hacía cuando se podía tanquear en las estaciones internacionales de la frontera venezolana, cuyo precio era prácticamente ‘irreal’ y no tenía comparación con ninguna parte en Colombia.

Después, cuando adquirían la gasolina venezolana en pimpinas, mucho más baratas que en las gasolineras que operan en la región.

Y lo mismo ha seguido sucediendo desde que se implementó el sistema de combustible subsidiado por parte del Gobierno Nacional para las zonas de frontera como la nuestra.

Los recorridos que ellos hacen aquí son menores que los de Bogotá, Barraquilla o Bucaramanga, por ejemplo, pero en la práctica los taxistas de esas tres ciudades pagan más cara la tanqueada que aquí, donde persisten en los paros y los bloqueos de la ciudad.

Las diferencias en los gastos con sus colegas de otras ciudades son comprobables, porque los de otros departamentos y ciudades sin el beneficio de la gasolina exceptuada, registran un más alto costo de operación provocado por el tanqueo.

Y, ahora que se anunció desde el Ministerio de Transporte el pago de una compensación mensual a los taxistas como apoyo por el incremento mensual del valor del combustible, las voces en contra escuchadas desde aquí no se tardaron en aparecer.

Esto que ocurre con el servicio de transporte individual es urgente que sea materia de observación por parte de las autoridades metropolitanas en Cúcuta, porque los usuarios tampoco pueden seguir siendo los que terminen llevando esa carga sobre sus presupuestos.

Así como exigen, deberían también dar, en el sentido de ofrecer un mejor servicio y cobrar lo justo, tarea en la que es necesaria la participación de los dueños de los taxis, que igualmente tienen que entender las realidades nacionales y locales del servicio.

Y el otro asunto del que prácticamente la región no tendrá participación es la tarifa gratis del transporte masivo, que tampoco tenemos.

Pero sí nos sirve de motivo para preguntar en qué quedamos en la ciudad y los municipios metropolitanos en cuanto al sistema de transporte público.

Dentro de lo que se planteó con Findeter se habló de lo siguiente:

-Favorecer la intermodalidad, es decir, la transferencia de personas y de mercancías utilizando diferentes modos de transporte.

-Un sistema de transporte inteligente con semaforización coordinada con el tráfico, cámaras viales, entre otros, con el fin de adecuar la tecnología a la movilidad.

Sin embargo seguimos con buses y busetas que no garantizan una adecuada movilización de los pasajeros hacia sus lugares de trabajos y sitios de residencia, en medio de crónicos trancones y fallas en la movilidad.

Se acabó el presente mandato y no vimos circular por las calles cucuteñas los nuevos buses con alta tecnología, amigables con el medioambiente y facilitadores de que los viajes urbanos sean confortables y que  haya rutas  integrales que conecten realmente a todas las comunas y barrios metropolitanos. Ojalá de aquí al 2027 sea posible.

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