

El excanciller Álvaro Leyva Durán pasó de ser el más fiel escudero del presidente Gustavo Petro y de la ‘Paz Total’ a convertirse en su más duro crítico y en el anunciador de que esa política quedó condenada al fracaso.
Si lo dice alguien que ha estado vinculado a los procesos de paz en Colombia desde los tiempos del expresidente Belisario Betancur, hasta nuestros tiempos, pues algo tendrá de veraz su apreciación la que además se siente con el conflicto diario en veredas y pueblos del Catatumbo y Norte de Santander, para citar solo un ejemplo.
Y Leyva, que en el gobierno del Pacto Histórico estuvo muy cerca de las mieles del poder, tendrá también muchas razones para haber decidido alejarse transformándose en un molesto moscardón para la Casa de Nariño.
Él, conocedor como el que más de los intrincados hechos palaciegos presidenciales, por algo será que luego de estar en el Catatumbo lanzó desde su cuenta de la red social X la contundente consideración de que “la radiografía tomada, resultado de tantos años de experiencia, me lleva a señalar de manera categórica que fracasó la política de paz del presidente Petro”.
Esa misma percepción, sentimiento y verdad de a puño se siente en la mayor parte del país y con mayor crudeza en regiones como la actualmente cobijada por el Estado de Conmoción Interior, al igual que en Cauca, Chocó y Arauca por efectos de la guerra desatada por el Eln y la disidencia de las Farc junto con sus socios los narcotraficantes, además de las bandas criminales.
Lo advertido por el exfuncionario, al que según él Petro ya no lo atiende por teléfono, es un demoledor argumento que confirma que la ‘Paz Total’ solamente pende de un hilo y que con todas las atrocidades perpetradas por los bandos que utilizando acciones terroristas y prácticas paramilitares pelean el control del Catatumbo, prácticamente ha quedado maltrecha.
A la luz del Derecho Internacional Humanitario, de los derechos humanos y del Código Penal colombiano, prácticamente que sin temor a equivocarnos serían muy pocas y más bien escasas las opciones de reabrir las conversaciones de paz con esas estructuras armadas organizadas, todas ligadas a carteles de las drogas.
Han cruzado todas las líneas rojas al degradar el conflicto armado a tal extremo que muy pocas veces un solo evento -en este caso el del Catatumbo- ha dejado semejantes y dolorosas estadísticas de cerca de un centenar de muertos y hasta 60.000 víctimas del desplazamiento forzoso.
Aparte de eso, la supuesta voluntad de paz que dicen pregonar estos grupos en esta ocasión ni siquiera ha tenido el más mínimo asomo al arremeter contra la población civil de una manera despiadada y cruel, todo esto con el propósito de infundir el máximo de terror y así dejar reseñado que serían los nuevos amos del territorio.
Lo que está ocurriendo hoy en Norte de Santander deja muy mal parada a la ‘Paz Total’ al desatenderse las alertas que se lanzaron de que los grupos en la mesa estaban traicionando el proceso y aprovechándose de las conversaciones y del cese el fuego para fortalecer su poderío en combatientes, armas y estrategias, con el fin de lanzar después operaciones guerreristas como la que hoy tiene bajo fuego al Catatumbo.
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