Una fotografía de la coronel Sandra Yaneth Mora dialogando, en Bogotá, con el gobernador, Silvano Serrano, y el alcalde, Jairo Yáñez, que fue publicada en la red social X (antes Twitter) por la Policía Metropolitana de Cúcuta, tiene varios mensajes implícitos.
Esa fue una manera de echar por tierra el rumor que alguien con poder local haya intentado persuadir a la Dirección Nacional de la Policía para que desistiera de la designación, por primera vez, de una mujer en el comando de la Mecuc.
Incluso, Yáñez le dijo que el plan de seguridad de la ciudad debe ser visto como una suma de acciones orientadas a la identificación, análisis y toma de decisiones predictivas, preventivas y correctivas para enfrentar este problema en el área metropolitana y en la frontera con Venezuela.
Ese contacto con los gobernantes puede interpretarse como la ratificación de que su nombramiento es irreversible, como ella se lo dijo a La Opinión, a raíz de la ola de especulaciones que hasta hablaron de que ya no vendría.
“No me interesa irme para la casa todavía”, afirmó en su momento la oficial que en la cuenta X de la Mecuc ratificó el compromiso de venir a emprender acciones para reducir delitos, desmantelar cadenas criminales y tejer un futuro seguro para los habitantes.
Lo que sí es cierto, es que es urgente que venga para acabar la interinidad en ese comando y ponga en marcha las operaciones que ella puede proyectar para enfrentar al multicrimen que azota a la ciudadanía.
En medio de la intranquilidad que generan el homicidio, el hurto, la extorsión, el secuestro, el microtráfico, la guerrilla y las bandas criminales, los habitantes de los municipios metropolitanos están con una creciente expectativa sobre la llegada de la coronel Mora, considerada como una ‘Dama de hierro’.
La comandante se define como implacable ante la indisciplina, no admite vacilaciones de ninguna clase y se declara frontal contra la criminalidad.
Para los cucuteños, rosarienses, zulianos, porteños y patienses, por ejemplo, esa descripción es la que ellos están esperando que se materialice en el comando de la Mecuc para que se despliegue una fuerza policial motivada y enfocada en cuidar la vida, honra y bienes de los ciudadanos, con cero tolerancia a la corrupción.
El reto es gigantesco. La ciudad tiene que rodear a la nueva comandante para asumir esta enorme responsabilidad y trabajar de la mano con ella y la institución en este capítulo inédito para la región de tener a una mujer al frente de la Policía.
El fortalecimiento de la inteligencia. La coordinación interinstitucional. La colaboración comunitaria. La inversión en tecnología con equipos para perseguir el crimen y mejoramiento del parque automotor para el desplazamiento de los uniformados en sus operaciones de patrullaje y control.
La nueva comandante de la Mecuc tiene que profundizar mucho en las gestiones ante el Inpec y el Ministerio de Justicia para que jefes y cabecillas de peligrosas organizaciones al margen de la ley no sigan golpeando a Cúcuta desde sus celdas en presuntas cárceles de alta seguridad, donde manejan a larga distancia sus negocios criminales.
En esto hay que insistir, así como en enlazar las operaciones de inteligencia y seguimiento a las bandas binacionales con las autoridades venezolanas, porque ese es otro factor de que debe desmontarse con urgencia para tratar de devolver la tranquilidad ciudadana.