Cúcuta comenzó a dar muestras, desde ayer, de una ciudad en que empiezan a acatarse las medidas encaminadas a sacar la mayor cantidad de personas de las calles y de los sitios de alta concentración, que es de vital importancia en estos momentos en que el coronavirus se expande por La Tierra.
Los niños y jóvenes dejaron de ir al colegio y la universidad, notándose que como se ha planteado, se queden en casa para disminuir la movilidad y la frecuencia en que nos movemos por las calles y lugares como parques y centros comerciales, por ejemplo, disminuyendo la cantidad de personas en un mismo lugar, lo que a la postre acelera el contagio.
Eso es plausible y debe persistirse en esa disposición de cambios en el comportamiento social colectivo e individual, porque en caso contrario se estará empujando a la región y al país a un empeoramiento de la situación, hecho del que nadie quiere ni imaginar las consecuencias que acarrearía en el evento de un desbordamiento.
Resulta destacable todo lo que desde cada organización pública y privada ha empezado a tomar conciencia de la crisis, ajustándose por ejemplo con la habilitación del teletrabajo con el propósito de disminuir la cantidad de personal dentro de oficinas y empresas, como lo mandan las normas de salubridad ante eventualidades como las generadas por el COVID-19.
Dentro de esta acción de responsabilidad colectiva vale la pena resaltar, igualmente, las medidas y protocolos estrictos de desinfección y limpieza que adoptaron los establecimientos que presentan gran afluencia de personas.
Volverse un hábito el lavado de manos es algo que igualmente empezó a manifestarse entre la población, asunto que resulta ser una cuestión obvia para ayudar a nuestra salud en todas las épocas, sino que en los actuales pasó a convertirse en asunto de primera línea. En eso hay que persistir e insistir en que los demás lo hagan porque la acción colectiva en nuestra sociedad es fundamental para levantar barreras contra esta amenaza pandémica.
Sin embargo, y en eso sí debemos de pasar de complacientes a férreos defensores de nuestra vida misma y de la conservación del estado de cosas como lo conocemos, es lamentable ver el juego del carrusel con el que se incumple y desacata la orden presidencial del cierre de la frontera con Venezuela.
Resulta muy curioso ver a diario como por los puentes internacionales hay salida controlada de personas hacia el vecino país, con maletas repletas de mercancías, las cuales han ingresado ilegalmente por las trochas. Señores de Migración Colombia, señores de la Policía y señores del Ejército, las órdenes presidenciales son para atenderlas y ponerlas en rigor al pie de la letra, máxime cuando de lo que se trata es de una medida preventiva para salvar a la región y a la patria de un colapso sanitario, con consecuencias evidentemente dolorosas y lamentables.
Como lo han dicho los expertos y especialistas, la comunidad tiene en sus manos una parte importante para ayudar a las autoridades de salud a atender la emergencia, y dentro de ese nivel de responsabilidad debemos entender que al final se trata de una sucesión de hechos que de resultar todos acordes a los protocolos llevará a resultados positivos como esperamos. La unión hace la fuerza.
