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Editorial
Enemigos del Catatumbo
Este desprecio por la vida y esa actitud de marcar a todos como sus enemigos deben generar consecuencias contundentes contra el Eln y las disidencias.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 27 de Diciembre de 2025

Uno prometió cese del fuego por las festividades decembrinas y el otro una tregua indefinida en las acciones contra la Fuerza Pública y en lo que terminaron fue elevando el nivel de hostilidades contra la población civil en el Catatumbo.

Es decir, el Eln y la disidencia de las Farc, con los últimos perpetrados han demostrado que le siguen mintiendo al país y que no tienen ni una pizca de voluntad de paz.

El Gobierno nacional tiene que tomar nota del recrudecimiento de la guerra en esa subregión nortesantandereana y actuar en consecuencia con la debida contundencia del caso.

Es inhumano que por el inaudito accionar terrorista de dichas organizaciones armadas ilegales, esta Navidad haya quedado marcada con la tragedia del desplazamiento como fue confirmado por el Consejo Noruego que habla de cientos de personas que debieron huir para salvar la vida.

Este desprecio por la vida y esa actitud de marcar a todos como sus enemigos deben generar consecuencias contundentes contra el Eln y la disidencia para que entiendan que el desarraigo forzado les saldrá bien caro.

En este sentido la región le hace tres reclamos urgentes al Gobierno nacional para que detenga la volátil, inestable y peligrosa degradación del desbordado conflicto armado.

Primero, ordenar a las tropas desplegadas en la zona catatumbera para que ejecuten las operaciones ofensivas requeridas contra ambas estructuras criminales en defensa de los civiles. Esta es una premisa constitucional que debe cumplirse.

Segundo, que la oficina del comisionado de Paz lance una notificación, innegociable, de que cualquier proceso en marcha o por adelantar dentro de la política de ‘Paz Total’ no admitirá que los ceses del fuego y las treguas sigan siendo usados para hacer todo lo contrario a aquello que pregonan y prometen los factores generadores de violencia para controlar la región y apoderarse de la economía ilegal del narcotráfico.

Tercero, del presidente Gustavo Petro se espera que asuma una posición más firme y consecuente con lo que está ocurriendo en este territorio que va a completar un año en la peor guerra de todos los tiempos. Un ultimátum al Eln, la disidencia de las Farc, las bandas criminales, los carteles de la droga, desde la Presidencia de la República no debería descartarse para evitar que la muerte siga siendo sembrada y que el Estado recupere el control y reimplante la seguridad en la zona.

Presidente Petro, no le parece que ya es suficiente la hipocresía negociante y la actitud guerrerista de quienes  supuestamente afirman considerar la paz como el camino a la conciliación pero que tienen en la violencia y el narcotráfico su hábitat natural.

Señor presidente, no olvide que por culpa del Eln y la disidencia del 33 frente de las Farc, este año cerrará en Norte de Santander como uno de los más violentos en décadas y con la mayor crisis humanitaria de todos los tiempos, hechos que por sí solos y lo que está ocurriendo de nuevo en el martirizado Catatumbo las opciones de salidas negociadas ni tienen respaldo ni tampoco tienen una cabida adecuada, porque el que va a llegar a la mesa de conversaciones con una estela de derrota es el Estado y eso política y estratégicamente resulta siendo muy grave por sus efectos.

Desde La Opinión estamos con el Catatumbo y por eso reclamamos que las Fuerzas Militares protejan la vida y honra de los habitantes de ese lugar y que los distintos poderes públicos asuman sus tareas y responsabilidades para que esta zona emblemática no sucumba ante la ola terrorista que otra vez se ha desatado.


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