Norte de Santander –con 40 municipios– apenas cuenta con tres alcaldesas. En Cúcuta, donde al establecerse en Colombia la elección popular de alcaldes, en 1988, la primera en ser elegida fue una mujer, hoy solo hay una concejala en esa corporación de 19 miembros.
De los diez congresistas que forman la bancada nortesantandereana en el Senado y la Cámara de Representantes únicamente hay una senadora, mientras que de 13 diputados en la Asamblea dos son mujeres, aunque tampoco olvidemos que Ocaña no tiene concejala, y que en los concejos de El Zulia, Pamplona, Villa del Rosario y Los Patios, hay de a dos en cada uno.
En el Día Internacional de la Mujer se advierte como en la región no hay ni paridad ni alternancia para la real participación femenina en la política, siendo solamente electoras para llegar a tener la misma posibilidad que los hombres en la conquista de los cargos de elección popular.
Con esa justa pelea de los colectivos feministas frente a los partidos y grupos políticos, surge el dato del censo para indicar que del total de habitantes del departamento, el 50,7 % son mujeres, es decir, 756.286 que se supone deberían estar protegidas por la igualdad de género, no discriminadas ni siendo objeto de agresiones sexuales o se violencia. Sin embargo, suponemos mal.
Los siguientes dos indicadores muestran un escenario complicado en materia social y económica, que se traducen en verlas tratando de sobrevivir a como dé lugar.
Por un lado está la circunstancia de que entre las mujeres mayores de 15 años en el departamento, el 36,3 % no tiene ingresos económicos propios. Pero también Cúcuta y el área metropolitana figuran entre las 13 ciudades donde en enero de este año el DANE confirmó un incremento de 182.000 mujeres inactivas, entre los 55 años y más, y de 152.000 que quedaron sin ninguna actividad laboral, con edades que van de los 25 a los 54 años.
Más allá de darles un curso o una capacitación, el pago de esa deuda con la mujer nortesantandereana debería provenir de una alianza Gobernación-alcaldías-Gobierno Nacional y cooperantes internacionales para poner en marcha un agresivo plan de empleo femenino que incluya el emprendimiento y el apoyo con capital semilla, créditos ágiles y sin trabas, tanto en las zonas urbanas como rurales.
Paralelo a ello debe de ir una política de formación técnica y de acceso a la educación superior, entendiendo que esa es la mejor inversión para sembrar un futuro lleno de oportunidades en el departamento.
Y aunque no debemos abstraernos de felicitarlas en su día y resaltar la campaña de la ONU para que “las mujeres y las niñas estén en el centro de los esfuerzos para la recuperación de la COVID-19 y asegurar su representación y poder de decisión en todas las esferas”, no hay que olvidar otros riesgos que las golpean y ponen en peligro su vida y dignidad.
Se trata de la violencia intrafamiliar que en Cúcuta se trepó a 1.619 casos el año pasado y las 284 mujeres agredidas sexualmente, con el agravante que según el Observatorio Feminicidios Colombia, en 2020 en Norte de Santander ocurrieron 30 feminicidios de los 630 referenciados en el país por esta red feminista.
El panorama es desalentador. Todo está por hacer. Más que felicitación, es urgente la gestión y la acción.