Sigue Colombia en el círculo vicioso de las acciones polarizadoras y los señalamientos sin fundamento alguno por parte de quien es el máximo representante de la dignidad Presidencial y que de paso ocasiona riesgos innecesarios.
Nada menos que la crisis del Catatumbo fue la generadora de esta nueva salida en falso de la Casa de Nariño ante los cuestionamientos que a la Conmoción Interior hiciera el personero de Ocaña, Jorge Armando Bohórquez.
Se trata de una falta de tino. Es algo que va en contra del mismo comportamiento de un estadista quien tiene la obligación de manejar los asuntos de Estado dentro de unos cánones mínimos de comportamiento que no comprometan la gobernabilidad.
Presidente Gustavo Petro, es necesario que comprenda la responsabilidad que reposa sobre sus hombres y en lugar de estar casando enfrentamientos verbales con quienes le reclaman mayor efectividad en las decisiones, proceda a hacer lo que le ordena la Constitución como es gobernar para solucionar los problemas al país.
Llegar al punto de indicar: “¿por qué quiere el personero de Ocaña (...) que se caiga la Conmoción Interior? Eso es para que se emborrache de alegría el Eln. No tendríamos cómo financiar al Ejército (...) Uno a veces se pregunta, ¿y a quién le trabajan?”, es algo desproporcionado.
No se entiende cómo el jefe de Estado no mide sus palabras y por qué sus asesores no le aconsejan que lo haga, teniendo en cuenta que en casos como el del funcionario defensor de derechos humanos resulta ser riesgoso para su vida e integridad, teniendo en cuenta la región en que desarrolla sus labores.
Aquí bien cabría una desproporción en la reacción por parte del máximo representante del poder Ejecutivo al levantar su dedo acusador contra un personero que se encuentra en una región de alto riesgo en materia de violencia como lo es el Catatumbo.
Necesariamente, el Gobierno nacional requiere que en su fase final del mandato entre en una especie de ‘tregua verbal’ relacionada con la urgencia de desarmar la palabra y deponer ese accionar de polarización que en últimas ocasiona zozobra entre los colombianos.
Además, la responsabilidad del Estado y quienes actúan en su nombre es la asumir planes dirigidos a corregir las fallas, solucionar los problemas, eliminar los vacíos y sacar adelante los proyectos dirigidos a conjurar los problemas que han desatado crisis como la que hoy ocurre en esta subregión de Norte de Santander.
El presidente Petro, igualmente debe comprender que si el Consejo de Estado le ha ordenado que tiene que rectificar lo dicho en contra del personero ocañero, es que realmente ese capítulo debería cerrarse porque Colombia no merece seguir sumido en este ambiente que nada bueno genera.
Por el contrario, es el momento de tender puentes, buscar las rutas de la concertación y respetar a los contradictores, entendiendo que en medio de las diferencias es que se hace fuerte la democracia colombiana.
Desde la cabeza visible del Estado hay que dar ejemplo puesto que esa clase de retórica y de señalamientos hacia aquellos que no comulgan con sus decisiones demuestran la persistencia de una metodología de confrontación y de deslegitimación hacia quienes se atreven a disentir.
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