La Navidad tiene la connotación del renacer y de la reflexión. Hay tanto que decir y por lo cual pedir que la lista puede volverse interminable para un país y un departamento en donde sus habitantes claman que la inseguridad deje de acosarlos como ocurría hace tres décadas.
Siempre hay un lugar hacia el que los colombianos quieren llegar y es al de la paz, pero duradera, sin trampas, con justicia y reparación para las víctimas.
En esta parte del continente americano se viven situaciones que deben ser corregidas, superadas y solucionadas como es el retorno a la democracia plena en Venezuela sin un régimen opresor, la solución al problema del narcotráfico y el respeto a la libre determinación de los pueblos.
Volviendo a Colombia hay urgencia de ponerles punto final a la polarización y la lucha de clases propiciadas desde las mismas instancias gubernamentales para proteger la democracia y la institucionalidad.
Y nuestro Catatumbo, territorio tan martirizado, necesita definitivamente poder liberarse del yugo de una violencia que lo ha llevado convertirse en punto de disputa y presencia del crimen transnacional.
A Cúcuta y su área metropolitana, que le está ocurriendo algo tan grave como es la urbanización del conflicto armado, también es urgente blindarla contra esta clase de acciones terroristas.
En ambos casos la misión es combinar la operatividad militar con una contundente presencia del Estado en lo económico, político, social e inversiones en infraestructura y para superar necesidades básicas insatisfechas, sin cerrarle la puerta a la salida negociada al conflicto.
Sí. Eso todos los sabemos. Pero lo que se tiene que procurar es que haya la voluntad gubernamental de contener y debilitar a las estructuras armadas y las finanzas de los violentos.
La región necesita fortalecer el tejido empresarial con la industrialización para la transformación de materias primas, darle valor agregado a esos productos.
De esa manera podremos empezar a disminuir verdaderamente y no manera estacional el desempleo y comenzar a reducir, realmente, los índices de informalidad.
Lógicamente eso requiere la estabilidad jurídica para atraer las inversiones, una economía sólida al igual que unas plenas garantías para el desarrollo de un debate electoral transparente y que prevalezca el derecho al voto libre y sin constreñimiento.
Colombia requiere con urgencia la protección de la vida desde el frente de un sistema de salud fuerte financieramente, con cobertura universal, la dispensación adecuada de los medicamentos, una atención ininterrumpida en todos los niveles y que cuente con los insumos y el suficiente personal médico-asistencial.
Una enfermedad que nos ha acompañado desde hace mucho tiempo y que como sociedad debemos asumir el compromiso de erradicar tiene que ver con la corrupción que corroe las diferentes esferas gubernamentales, con fuertes efectos económicos, éticos y políticos. Debería ser, más que una bandera electoral, una política pública que conduzca hacia la transformación colombiana.
Por donde se mire siempre se encuentra algo que superar. Por ejemplo, ser mejores ciudadanos. Respetar las normas. Cumplir los compromisos. Poner nuestro grano de arena para conseguir la paz debe estar dentro de lo prioritario no solo ahora sino de aquí en adelante y así prestar un servicio que deje una impronta en el país.
Al decir ¡feliz Navidad!, ojalá resuene el mensaje para contener nuestras mayúsculas crisis humanitarias.
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