En este asunto de la migración en el que Colombia debió aprender al ritmo frenético de los acontecimientos es interesante encontrar que ya se están recogiendo los frutos del proceso de movilidad humana que trajo a Colombia y Norte de Santander a millones de venezolanos que decidieron llegar a construir otro futuro en este lado del río Táchira.
El Fondo Monetario Internacional en una investigación reveló el impacto que la migración venezolana tendrá en el crecimiento del Producto Interno Bruto de varios países de acogida en la región, en 2030: Perú (4,4%), Colombia (3,7%), Ecuador (3,5%), Chile (2,6%), Panamá (1,9%) y República Dominicana (1,1%).
El FMI hizo dicho cálculo hacia 2030, previendo que el flujo de migrantes seguirá creciendo hasta alcanzar 8.4 millones de personas en 2025, que corresponde a más del 25% de la población que tenía Venezuela en 2015.
Jaime Guajardo, uno de los autores del estudio del Fondo Monetario planteó en su momento que ese reflejo positivo en la economía se logra con la integración de los migrantes en el mercado laboral formal, otorgando permisos de trabajo y convalidando los estudios y los títulos académicos.
Esto es precisamente lo que se ha hecho en Colombia y en Norte de Santander, región en donde también se ha contado con el llamativo elemento de inversiones y emprendimientos exitosos de personas llegadas del vecino país que tomaron la determinación de hacer empresa y generar empleo en esta parte del territorio nacional, por ejemplo.
Exponer esta serie de impactos positivos sirve para contrarrestar posibles consideraciones o percepciones equivocadas. Por ejemplo, el FMI consignó en el análisis lo siguiente: “No observamos indicios de que los migrantes estén desplazando a los trabajadores nacionales”.
Esa cara positiva en Cúcuta y la región se aprecia en datos como el de la inscripción por parte de venezolanos de 1.803 empresas en los 16 municipios que cubre la Cámara de Comercio, a partir de 2016, correspondiendo 508 al año pasado.
Recordando que la migración no tiene vuelta atrás, hay que tener presente que la inclusión de los migrantes venezolanos y la complementación con ellos en el campo laboral, empresarial y educativo llegó para quedarse y que en la construcción de país y región debemos ir de la mano con ellos.
En este aspecto hay que profundizar en lo expuesto por la líder del proyecto Intégrate, Margarita Sáenz: “La integración de los migrantes es una oportunidad para generar capacidad en los territorios, y enriquecernos de nuevos talentos”.
Pero además, como lo dijo ella, ya que durante años solo se contaron historias llenas de dolor, ahora es el momento de narrar el otro lado de esa misión integracionista como es el de etapa de consolidación económica, social y humana, dentro de este gana-gana que se ha empezado a evidenciar en dicho proceso.
Pero claro, hay que tener cuidado con los triunfalismos, puesto que todavía falta camino por recorrer para consolidar esas políticas y lógicamente mejorar nuestras condiciones internas relacionadas con toda esa carga de problemas no solucionados que llevamos a cuestas y que son indispensables de mejorar en la región y en el país que es el principal receptor de la diáspora venezolana.
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