

Papá Pitufo puede ser la peor pesadilla para el presidente Gustavo Petro quien con la acumulación de hechos oscuros e irregulares que sucedieron en la financiación de la campaña para las elecciones de 2022, ya tiene su propio proceso 8.000, segunda generación.
Ante esta deslegitimación de su mandato que le hace un grave daño a la institucionalidad, se requiere que la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, el Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía General de la Nación, actúen con prontitud, cada uno desde sus respectivas competencias, con el propósito de superar esta delicada crisis.
Hablar del nuevo 8.000, versión Petro tiene asidero en las estratagemas habidas y por haber que de acuerdo con las denuncias e investigaciones se utilizaron para llegar al solio de Bolívar, dejando la sensación que ni siquiera importó si hubo que venderle el alma al diablo.
Ahí está el caso de su hijo Nicolás Petro que le recibió dineros al exnarcotraficante Santander Lopesierra, conocido como el Hombre Marlboro, para apoyar la aspiración presidencial del hoy jefe de Estado, el cual fue entregado por intermedio de un petrista de tiempo completo como lo es Máximo Noriega.
O que tal las visitas del hermano del presidente, Juan Fernando Petro, a condenados en las cárceles y quien luego en televisión admitió que ese periplo por las celdas arrojó resultados electorales favorables, desconociéndose qué ofreció a cambio de esas votaciones, aunque el insistió en que “no fuimos a negociar nada”.
Y ahora aparece el episodio del poderoso Papá Pitufo y los $500 millones que alcanzó a entregarle el poderoso capo del contrabando a la campaña, pero que después -según la versión del presidente- dicho aporte fue devuelto al descubrirse de quien provenía, tortuoso hecho que le corresponde ser esclarecido por la justicia.
La trama de esta novela sobre esas sospechosas financiaciones que se encuentran bajo el escrutinio público y la evaluación de los organismos investigativos, tiene relación con el fuego amigo dentro de la compleja alianza que se integró para que el gobierno del cambio llegara al poder en Colombia.
Todavía sigue fresca esta amenaza de Armando Benedetti en un audio filtrado, en que el hoy hombre fuerte del gabinete de Petro dice: “en el momento en que yo diga quién dio la plata aquí en la costa, yo sé qué es esa mondá. Tú, que no sabes... de historia, lee cómo empezó el (proceso) 8.000”.
Hoy, al inamovible Benedetti quien es defendido a capa y espada por Petro, un dedo acusador levantado por otro escudero presidencial como lo es el director de la UNP, Augusto Rodríguez, lo pone en el centro del escándalo del Papá Pitufo, ahondando las intrigas palaciegas en medio de la tormenta por los dineros de dudosa procedencia y la violación de los topes.
Asisten los colombianos a una muy delicada etapa de su vida democrática, con un presidente encerrado en su laberinto por múltiples hechos de corrupción en su gobierno, una inseguridad incontenible, una gobernabilidad enormemente disminuida y ahora con un gran piano sobre sus hombros por la financiación indebida de su campaña.
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