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Editorial
Dos años perdidos
La desazón en Colombia frente a las promesas de cambio se advierte en las mediciones ciudadanas en cuanto a la baja favorabilidad y credibilidad en las gestiones desarrolladas por el actual Gobierno Nacional.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 7 de Agosto de 2024

Un cambio que no arrancó, que se destiñó y provocó frustración, es el balance que para Colombia dejan los dos primeros años de mandato del presidente Gustavo Petro. En las calles y veredas no se ha sentido que seamos una potencia mundial de la vida como lo pregona la propaganda oficialista.

Cúcuta en este periodo ha estado entre las cincuenta más violentas del mundo mientras Norte  de Santander como el resto del país advierte que la ‘Paz Total’ va en una montaña rusa con unos cuantos altos y muy prolongados bajos, que no da destellos de consolidación, sino, por el contrario, de grupos armados ilegales cada vez más poderosos que hostigan y extorsionan y violan el cese del fuego.

A la economía tampoco la favoreció el cambio prometido, al padecer una profunda desaceleración con prácticamente un año creciendo cerca del 0%, generando graves efectos en los renglones industrial, comercial, construcción de vivienda y el automotor. Por eso se dice que  atraviesa su peor momento desde la pandemia.

Los desbarajustes y retrocesos también alcanzaron la ejecución presupuestal, que es uno de los medidores más efectivos para advertir el cumplimiento o no del Plan Nacional de Desarrollo, que estudios independientes la ubican en 36,6% en el primer semestre de 2024, es decir, 2,4% menos del promedio de los últimos 23 años y 1,4% menos frente a 2023.

La inversión privada tampoco tiene buen comportamiento. El dato sobre su deterioro se situó en el 24,8% el año pasado frente a 2022, siendo atribuido en gran medida, por los especialistas, a la incertidumbre y desconfianza que fueron generados por el propio Gobierno Nacional con sus decisiones y políticas que la vinieron a desestimular.

En desempleo hay una gran deuda pendiente, porque como reflejo de los malos indicadores económicos en junio se destruyeron 130.000 empleos en el país, 4.000 de ellos en Cúcuta, mientras de la informalidad sigue desbordada.

Y algo que ha impactado al país, es la oleada de los milmillonarios hechos de corrupción que ha marcado a este Gobierno que van desde las presuntas irregularidades en la financiación de la campaña presidencial y el caso de la Unidad de Gestión de Riesgos de Desastres. La mejor descripción sobre este particular la hizo Transparencia por Colombia en un estudio en el que alerta que la promesa de lucha contra ese flagelo en el actual mandato “parece defraudada”.

En el campo de la energía, vemos a un país con déficit de gas, una gasolina sin subsidios y más costosa, una electricidad más cara, un sector petrolero con proyectos frenados, en el frente de la reforma agraria las metas están lejanas, en el campo de la salud sus intentos de reforma han fracasado y si le damos un vistazo a la educación superior, se nota que hasta el momento se han quedado en palabras el proyecto de la Universidad del Catatumbo, puesto que ni siquiera ha venido el presidente Petro a poner la primera piedra.

La desazón en Colombia frente a las promesas de cambio se advierte en las mediciones ciudadanas en cuanto a la baja favorabilidad y credibilidad en las gestiones desarrolladas por el actual Gobierno Nacional, que desde hoy comienza su segundo tiempo.

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