“La COVID-19 ‘despelucó’ a las peluquerías en Cúcuta”. Ese fue un titular de primera página en La Opinión, para resumir en un juego de palabras el estado de postración en que se encuentra dicha actividad que resultó seriamente afectada por la pandemia.
Se trata de un sector del cual dependen económicamente muchas familias, puesto que negocios de esta naturaleza pululan en los barrios del área metropolitana, en la zona céntrica y en sectores exclusivos.
Y de verdad que ahí obtienen su ingreso diario un importante número de personas que encontraron en este subsector económico de la belleza una fuente de recursos para cubrir las necesidades más importantes.
Ahí se encuentran las peluquerías y salones de belleza que en los llamados tiempos de normalidad atendían a miles de clientes, a los que no han podido volver a ver durante la cuarentena obligatoria y todavía no saben hasta cuándo, porque es una labor muy riesgosa en tiempos pandémicos, en razón al contacto.
Mujeres cabeza de familia son en gran medida las que hacen parte de este tipo de negocios, así como microempresarios que optaron por abrir negocios en el campo de las barberías exclusivas para hombres, los salones dedicados a la belleza femenina, que dejan un ingreso para que ellos puedan pagar el arriendo, los empleados, los servicios públicos y obtener las ganancias respectivas.
Pero esta súbita suspensión de labores dejaron en el aire a estas microestructuras que siempre han estado ahí prestando un servicio a la comunidad, pero que a las que ahora se les está acabando el oxígeno por este ataque pandémico inesperado.
Este sector, sin embargo, de acuerdo con lo expuesto por quienes trabajan en él, no habría recibido la atención requerida de parte del Gobierno Nacional dentro del paquete de medidas especiales de emergencia anunciadas para evitar que muchos sucumban en medio de esta crisis.
Muy diciente fue lo dicho por la propietaria de un salón de belleza de Villa del Rosario, que se sorprendió porque aunque en la era pre-COVID-19 ella tenía un excelente historial crediticio, en dos bancos que la consideraban como una excelente clienta, le cerraron la puerta diciéndole que no era apta para préstamos porque no estaba generando ingresos.
Por tal razón, sería bueno que se aclarara por parte de las autoridades económicas nacionales y locales qué posibilidades tiene este renglón de acceder a los salvavidas económicos, porque no solo son ellos, también se están afectando los mismos dueños de los locales que tienen arrendados, y los establecimientos comerciales que les sirven de proveedores en la cadena de insumos y elementos para el desarrollo de esta actividad.
Así como este sector, hay muchos otros renglones de actividades económicas diversas que necesitan unas ayudas especiales para poder sobreaguar en esta difícil temporada, pero son tantas y tan variadas las necesidades de los empresarios, que seguramente no podrá el Estado llegar a todos los sectores. Se deben facilitar los créditos, que es lo que ha estado haciendo el gobierno y en ello deben colaborarle las entidades crediticias.
En ciudades y regiones como la nuestra, la protección de las generadoras de recursos y de empleo es la mejor manera de actuar para evitar el disparo de la ya de por sí ya desbordadas pobreza, desempleo e informalidad. Pero, ¿cómo llegarles a todos? Esta es la gran disyuntiva del momento.
