

El descenso de la natalidad está causando preocupación mundial y hasta la misma Organización de Naciones Unidas -en un informe bienal- advirtió que hoy en día las mujeres tienen un hijo menos, en promedio, que alrededor de 1990.
La misma inquietud que se escucha en Colombia y en Cúcuta por la caída de la tasa de bebés nacidos vivos también recorre otras latitudes y es objeto de análisis por los efectos que generará a corto, mediano y largo plazo.
Por ejemplo, en una entrevista con Fox News, el billonario propietario de la red social X, Elon Musk, se refirió a este asunto en los siguientes términos: “la tasa de natalidad es muy baja en casi todos los países, y a menos que eso cambie, la civilización desaparecerá”.
Volviendo con la ONU, dicho organismo multilateral notificó que para el año 2100 la población mundial podría tener 200 millones de personas menos de lo previsto para esa época como producto de la marcada caída de los nacimientos.
Esta cuestión -que en la práctica puede acarrear efectos sobre la economía y el desarrollo- también nuestra en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) también muestra pronunciadas bajas, teniendo a dos países sudamericanos en los primeros lugares de este comportamiento.
Se trata de Chile y Colombia con el menor número de nacimientos para 2024, con cifras a la baja de 20 % y 13,7 %, respectivamente, frente a 2023. Luego de estas economías aparecen Letonia (-13,2 %), Estonia (-12,6 %) y Lituania (-8,1 %), de bajas en el número de nacimientos.
Queda, entonces, un debate abierto en el que habrá muchas aristas y consideraciones relacionadas con la libertad de decisión, las posiciones sobre la superpoblación y sus nocivos impactos sobre el planeta o lo que tiene que ver con cuestiones de percepción como la inseguridad, la zozobra sobre la estabilidad laboral para el futuro o los factores económicos que en últimas pueden llegar a tener incidencia en la determinación de no tener hijos o de limitar a uno solo, por ejemplo.
Esta merma poblacional nos debe llevar a evaluar aspectos como el que ha venido sucediendo con el fenómeno de la sobrecapacidad de la Tierra, que se evalúa con la medición del agotamiento, antes de tiempo, de los recursos naturales disponibles para todo un año.
Ese declive de los nacimientos en el mundo ha llevado a que aparezca la pregunta: “¿nos vamos a quedar sin población?, pero mientras se consigue la respuesta, hay una realidad compleja de la que no escapará Colombia.
Sucede que aunque Latinoamérica y el Caribe tienen una gran parte de la población en edad de trabajar, la ONU prevé que hacia el año 2040 comenzará a disminuir la proporción de personas activas, lo cual implicará grandes retos para los sistemas económicos y de protección social, como por ejemplo el sostenimiento del régimen de pensiones.
Con un Norte de Santander que el año pasado tuvo 3.210 nacimientos menos que en 2023, resultaría interesante hacer el estudio socioeconómico y cultural sobre lo que ocurre en materia de natalidad y en ese proceso de diagnóstico proyectar las incidencias futuras y determinar si es un fenómeno estacional, cíclico o que ha llegado para quedarse.
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