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Editorial
Curules vacías
A cada uno desde su ámbito se les ha venido escuchando señalar y culpar al otro, en una contienda que en esta etapa final del mandato puede conducir a serias complicaciones.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 23 de Agosto de 2023

Lo primero que sorprendió fue la foto de la mayoría de 19 curules vacías en el Concejo de Cúcuta el día en que se convocó a la instalación del periodo de sesiones extraordinarias. En medio de esa soledad del recinto estaba la secretaria General de la Alcaldía, María Leonor Villamizar.

De ahí surgió la pregunta: ¿Por qué los concejales de Cúcuta dejaron plantado al alcalde?, luego vino esto: la Procuraduría indaga si el Concejo le pone trabas al PAE y también se advirtió lo siguiente: arreglos en el estadio General Santander no van este año.

Asiste la ciudad a una tormenta entre la corporación administrativa municipal y el gobierno del alcalde Jairo Yáñez, en donde finalmente los perjudicados van a ser los habitantes, quienes no tienen la culpa de estas tensiones entre quienes constitucional y legalmente tienen a cargo el manejo del municipio.

A cada uno desde su ámbito se les ha venido escuchando señalar y culpar al otro, en una contienda que en esta etapa final del mandato puede conducir a serias complicaciones y la violación de derechos de los gobernados.

Oírle decir al presidente del cabildo, Edwin Duarte, en diálogo con los periodistas, que a los concejales solo les pagan 40 sesiones extraordinarias y este año ya superaron las 50, suena disonante con la labor para los que fueron elegidos.

Aquí podría criticárseles recordándoles que hubo un tiempo -en el pasado- donde los honorables concejales tanto de Cúcuta como de otras partes  de Colombia sesionaban sin cobrar un solo peso y que ejercían esa misión como una manera de contribuir a sacar adelante a su municipio.

Bien pudiera decirse que los cabildantes están en la obligación de anteponer los beneficios de la capital de Norte de Santander sobre sus cuestiones electorales (en esta época de campaña) y personales, porque como coadministradores el deber los llama para que la ciudad avance y no se frene.

E igualmente desde el frente de la administración municipal es importante que aclare denuncias como la reseñada durante estas agitadas extras por el concejal Jair Díaz: “Espera que se agoten las extras para, ahora sí, bajar los proyectos de impacto para la ciudad. Para mí eso es preocupante y más que se trate de traslados presupuestales en pleno calendario electoral,

¿Será que ahora es que van a empezar a reparchar vías y a prometer cosas para poder cumplir?”.

Esta respuesta le corresponde ofrecerla al alcalde Jairo Yáñez porque en medio de estos dimes y diretes la ciudadanía capta un mensaje de que hay absoluta descoordinación entre  el Concejo y la Alcaldía, mientras hace carrera la consideración de presentar a última hora  diversos proyectos esenciales para la ciudad, en lugar de haberlo hecho durante el periodo ordinario de deliberaciones del cabildo.

La lección que se saca de este episodio de la vida política municipal es que Cúcuta, a la que tanto dicen querer y por ella luchar, tanto el alcalde como los concejales, es la que termina pagando los platos rotos de estas fricciones, porque pese a su pregón de trabajar incansablemente por ella, el resultado al final del día muestra todo lo contrario.

Ojalá se recapacite. Aunque ya para qué, pues estamos en la recta final del actual mandato local. Y no descartemos que los  que sí recapaciten sean los electores y el 29 de octubre en las urnas haya un voto castigo contra esta forma de gobernar y coadministrar, llena de discordias y señalamientos.

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