Llamó la atención y despertó inquietud en la reunión de la Mesa Humanitaria que se cumplió en El Tarra, el gigante letrero en el que se lee: “Catatumbo condenado a cien años de soledad”.
Sorprendió a todos por tratarse de un mensaje que resume el riesgo de que la región caiga de nuevo en la espiral de desatención y violencia, en caso de que el Gobierno nacional no logre que el Estado se instale en esta rica subregión de Norte de Santander.
Y causó inquietud porque la historia de la zona se repita y sean los grupos armados ilegales con sus economías ilícitas y el control social y militar los que se impongan y no la institucionalidad estatal con sus componentes de seguridad, educación, inversiones en infraestructura y solución de las necesidades básicas insatisfechas de sus habitantes.
Este territorio, condenado a soportar toda clase de violencia y de hostilidades contra la población civil, hoy tiene la esperanza de que sus tribulaciones puedan empezar a ser superadas, pero de manera inmediata con inversiones y planes palpables de corto, mediano y largo plazo, porque ya lleva mucho tiempo esperando un nuevo amanecer sin el fragor de la guerra ni el yugo del narcotráfico.
Pero tal vez los catatumberos sigan estando ante una quimera inalcanzable, porque el pendón mencionado que se instaló cerca de la mesa principal del coliseo tarrense, que advierte sobre la soledad, pareció haber sido un elemento premonitorio sobre lo que vendría después -ese mismo 4 de febrero en la noche- puesto que en el consejo de ministros televisado no se pronunció ni una sola palabra por parte de la administración del presidente Petro sobre el Catatumbo
Y no solo eso. Recordemos El Plateado, en Cauca, donde también se han hecho operaciones contra las organizaciones armadas. Resulta que allá no se ha podido consolidar el programa de recuperación de ese territorio por la falta de articulación estatal, puesto que no se trata solamente de una presencia indefinida de las tropas, sino que también el gobierno con sus entidades actúe adecuadamente.
¿Y quién les garantiza a los catatumberos y nortesantandereanos que aquí no se vaya a repetir ese fracaso por la falta de coordinación entre los ministerios? Es decir, no es solo el hecho de decretar una Conmoción Interior y lanzar la ofensiva y copamiento militar. No. Eso también requiere que las instituciones funcionen y lleguen a la región para que se ponga en marcha, en este caso, el Plan Catatumbo.
La gobernabilidad es esencial para que esta crisis humanitaria sin precedentes logre resolverse, pero no momentáneamente, sino con la consecución e inversión diáfana de los recursos, porque de lo contrario estaríamos ante otra gran frustración de consecuencias impredecibles.
El Gobierno tiene que entender la gravedad de lo sucedido y responder a la inmensidad de los anhelos de una región azotada por décadas de conflicto y surcada por promesas incumplidas de los gobernantes de turno.
Para que se pendón cambie su mensaje por uno que exprese: “el Catatumbo en ruta hacia cien años de progreso”, es necesario que el Estado también deje de darles la espalda a la regiones y que el Ejecutivo las ponga en el centro del interés y el desarrollo nacional.
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