Cuando en el mundo solamente unos pocos creen que Nicolás Maduro triunfó logrando reelegirse, la Misión de Observación Electoral (MOE) de Colombia hizo un ejercicio de análisis estadístico independiente de los resultados electorales en Venezuela que arrojó como ganador al candidato opositor Edmundo González.
El estudio se basó en las actas publicadas por la oposición en una página web, puesto que transcurrida una semana del debate, el régimen chavista en una acción dilatoria y antidemocrática sigue sin dar a conocer la información detallada de las votaciones.
Ese análisis matemático sobre el 73 por ciento de las actas, detectó que Edmundo González obtuvo 6,3 millones de votos y Nicolás Maduro apenas alcanzó los 2,8 millones.
Con el Consejo Nacional Electoral desafiando al pueblo venezolano, para la discusión nacional e internacional queda dicha verificación que, por ejemplo permitió ver que Edmundo derrotó a Maduro en todos los estados.
Constituye una vergüenza de la institucionalidad y una violación al libre derecho al voto, que un gobierno deliberadamente oculte las actas y los escrutinios y que sus gobernados se tengan que enterar por otros medios sobre los resultados.
Por ejemplo, los tachirenses pidieron tener una primera aproximación a la realidad electoral, al notar que en ese estado fronterizo Maduro fue derrotado por un amplio margen, situación que también se repitió en Zulia.
Lo hecho por la MOE colombiana debe aplaudirse porque esa evaluación sirve para seguir desenmascarando y presionando al régimen para que ponga a disposición todo lo relacionado con los comicios presidenciales del 28 de julio.
Tiene toda la razón dicha organización al reclamar que el CNE haga pública la imagen digitalizada de todas y cada una de las actas, tanto de origen de las urnas electrónicas como de salida en el sistema de consolidación para verificar posibles operaciones de fraude.
El otro elemento que la MOE reclama como elemental para esa veeduría es la apertura y auditoría del código fuente del sistema de consolidación de información con el fin de identificar errores o alteraciones en la programación que llevaran a contabilizar los resultados de las actas de manera equivocada.
Aquí, entonces, no es solo ver unas frías cifras, sino escudriñar porque en el fondo pueden haber situaciones muy calientes que deben confirmarse o descartarse y así lograr que la verdad salga a flote en este nuevo y tortuoso episodio electoral venezolano.
Por lo pronto, esa evaluación técnica de la MOE pasa a convertirse, también, en un elemento de soporte para los gobiernos que han decidido reconocer a Edmundo González como el presidente electoral y podrá ser un elemento de juicio válido para otros que quieran dar ese paso.
Y para la comunidad internacional en general ese documento resulta siendo un elemento técnico de prueba para el examen especializado al que sea sometido el material electoral, si es que el madurismo accede a ello.
La gran conclusión de esta encrucijada electoral que padece Venezuela es que la transparencia y el respeto a la voluntad popular en las urnas son inamovibles y que violentarlos por la fuerza o mediante maniobras fraudulentas son una afrenta a la democracia de visos dictatoriales.
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