La nueva etapa política y económica en Venezuela, tras los hechos del 3 de enero de 2026 y la flexibilización de sanciones por parte de Estados Unidos, comienza a redefinir el mapa de oportunidades para Colombia, especialmente en comercio exterior y financiamiento empresarial.
El giro, que incluye licencias para reactivar la industria petrolera y restablecer canales financieros internacionales, ha permitido el ingreso sostenido de divisas a la economía venezolana, con efectos directos sobre inflación, tipo de cambio y demanda interna.
En ese contexto, el comercio bilateral ya muestra señales de recuperación: en 2025 alcanzó 1.170 millones de dólares, un crecimiento de 4,1%, impulsado principalmente por exportaciones colombianas.
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“Lo que estamos viendo son oportunidades nuevas, en una dimensión distinta del comercio entre ambos países”, afirmó José Alberto Garzón, presidente de Bancóldex.
Sin embargo, la recomposición no parte de cero. Las exportaciones colombianas, que llegaron a caer hasta 97% desde su pico histórico, han comenzado a recuperarse desde 2022, superando los 1.070 millones de dólares en 2025.
Ese repunte se explica por una canasta exportadora diversificada, liderada por alimentos, químicos y plásticos, sectores que ahora vuelven a posicionarse ante una demanda venezolana en reactivación.
Nuevo ciclo económico
La apertura económica impulsada tras el cambio político incluye la eliminación de controles cambiarios, el retorno de organismos multilaterales y proyecciones de crecimiento cercanas al 7,4% para 2026.
A esto se suma el renovado interés internacional, pues, inversionistas y empresas energéticas han regresado al país, atraídos por la flexibilización de sanciones y la recuperación petrolera.
“Ese flujo de dólares que está entrando a Venezuela está estabilizando variables macroeconómicas y generando demanda de nuevos productos”, explicó Garzón.
Para Colombia, este escenario abre una ventana estratégica. En el primer bimestre de 2026, las exportaciones ya sumaban 132 millones de dólares, con participación relevante de bienes no minero-energéticos.
“Hay oportunidades claras en agroindustria, químicos, servicios y tecnología, donde la oferta colombiana puede agregar valor”, dijo el presidente de Bancóldex.
No obstante, el nuevo ciclo también implica competencia. Durante los años de aislamiento, los importadores venezolanos diversificaron proveedores hacia Europa y Centroamérica, lo que obliga a los exportadores colombianos a reposicionarse.
“Hoy no estamos regresando al mismo mercado de antes, sino a uno más competitivo y con nuevas reglas”, advirtió Garzón.
Financiamiento y cobertura
En este entorno, el rol del sistema financiero se vuelve determinante, especialmente para resolver uno de los principales obstáculos históricos, como los mecanismos de pago.
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“Más que la financiación, lo que quieren los exportadores es tener seguridad en los pagos”, afirmó la fuente.
Para responder a esa necesidad, Bancóldex activó una línea de crédito de preembarque por 100 millones de dólares y avanza en instrumentos como cartas de crédito, cobranzas documentarias y coberturas cambiarias.
Estas últimas cobran especial relevancia en un contexto de volatilidad cambiaria, al permitir a exportadores e importadores cubrir riesgos asociados al dólar.
“Las coberturas cambiarias son un seguro frente a la tasa de cambio y permiten operar con mayor previsibilidad”, explicó.
Bancóldex también prepara la activación de financiación posembarque, que incluirá la confirmación de cartas de crédito y el financiamiento directo a compradores venezolanos.
“Vamos a poder financiar importadores venezolanos y asumir ese riesgo, siempre de forma controlada y progresiva”, indicó Garzón.
Riesgo y banca venezolana
Uno de los retos centrales es la debilidad del sistema financiero venezolano, que sufrió una contracción profunda durante los años de crisis.
“La banca venezolana perdió tamaño y competitividad; hoy es un sistema pequeño frente a estándares regionales”, reconoció el directivo.
Según Garzón, el sector financiero venezolano tiene activos cercanos a 3.000 millones de dólares, lo que limita su capacidad de intermediación y financiamiento.
No obstante, el nuevo entorno económico apunta a una recuperación gradual, impulsada por el ingreso de divisas y la reactivación de sectores estratégicos.
“Esperamos que la banca venezolana recupere dinamismo en los próximos años, porque la economía lo necesita”, afirmó.
En ese marco, Bancóldex ha comenzado a restablecer relaciones con bancos venezolanos, habilitando límites de riesgo y canales para operaciones internacionales.
“Estamos haciendo un análisis riguroso, tanto macroeconómico como geopolítico, para trabajar solo con intermediarios que cumplan condiciones”, explicó.
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El enfoque es gradual y con plazos cortos, principalmente en operaciones de comercio exterior que no superan un año.
“Es un riesgo acotado, pero necesario si queremos abrir nuevamente esa autopista comercial entre los dos países”, sostuvo.
Al mismo tiempo, se desarrollan pilotos con empresas colombianas para validar mecanismos de pago y operación en condiciones reales de mercado.
Así, en medio de un entorno aún incierto, la combinación de apertura económica, respaldo financiero y nuevos instrumentos marca el inicio de una etapa distinta en la relación binacional.
“Estamos abriendo un camino que hoy está cerrado, pero que puede convertirse en una gran oportunidad para los empresarios colombianos”, concluyó Garzón.
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