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Un país más frágil
Nuestro planeta muestra síntomas de agotamiento y recuerdan que el desarrollo tiene sus límites.
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Miércoles, 25 de Febrero de 2026

La difícil y atípica situación climática y el creciente desgobierno político y económico con el telón de fondo de las elecciones trazan las coordenadas para nuestro país. La crisis humanitaria y de infraestructura generada por un inusual frente frío que ha alterado los ciclos históricos reportados por el IDEAM y exacerbado las lluvias afectando con mayor intensidad a Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y Chocó. Y, de manera simultánea abundan las propuestas e ideas de quienes aspiran al Congreso y a presidente de la República.

El fracaso global frente al cambio climático cuyas variaciones de temperatura ya superaron el 1,5°C definido en el Acuerdo de París 2015, significa que los fenómenos meteorológicos serán más frecuentes, intensos y difíciles de predecir y las Conferencias de la ONU sobre cambio climático que encienden las alarmas se quedan como brindis al sol. Junto con la multiplicación del conflicto armado en las regiones sin mayor intervención del Estado para garantizar la estabilidad económica y social, se avecina la siguiente etapa de indignación y polarización. En ausencia de una paz total y lejos aún de un verdadero liderazgo por parte de los candidatos presidenciales, la garantía del Estado social de derecho y gobernanza nacional son sedes vacantes en un momento crítico para quienes compartimos este proyecto común llamado Colombia.

En la gran red de acontecimientos del país se cruzan muchas hebras, pero todas se enlazan con el clima y el gobierno, anudados entre sí por la agenda de sostenibilidad, la gestión del riesgo, los conflictos armados y las migraciones. El país vio cómo comunidades indígenas ocuparon el Parque Nacional entre el 2021 y 2023 como consecuencia del desplazamiento forzado y fallidos procesos de reubicación, que demuestra que el desentendimiento entre la realidad rural desde la institucionalidad urbana es el principal combustible de las actuales propuestas populistas que han encumbrado peligrosos líderes en América Latina.

En este entorno claramente inestable, los riesgos que se perfilan para el futuro nacional dividen y estimulan a los ciudadanos a optar por quienes ostentan la bandera de solucionar los conflictos por la vía armada e incrementar el gasto militar a expensas de las acciones sociales o por medidas de protección a los sectores más vulnerables sin tener muy en cuenta los motores de la economía, sin que realmente se garantice la seguridad política y ciudadana en ejercicio de la democracia.

En esta Colombia que procura reparar las heridas materiales y sociales de la actual emergencia, se considera que quizás la arquitectura apenas tiene importancia en la agenda de sostenibilidad, pero nuestro noble oficio con todo y sus riesgos incide de manera contundente en la conformación del entorno a través de los procesos de urbanización esenciales para la supervivencia humana. Tal vez no se pueda impedir el calentamiento oceánico y que el cielo se caiga, pero cabe preguntarse cuáles habrían sido las consecuencias de la emergencia climática si se hubieran aplicado adecuadamente las herramientas de planificación, ordenamiento territorial y construido adecuadamente las obras de ingeniería necesarias para gestionar el riesgo. Nuestro planeta muestra síntomas de agotamiento y recuerdan que el desarrollo tiene sus límites. Viene a bien considerar por parte de los arquitectos, ciudadanos y sobre todo aspirantes que vinimos a vivir digna y pacíficamente en este planeta para mantener esperanza en la razón y en la ética.


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