Colombia atraviesa un cambio estructural consolidado bajo el fenómeno de la transición demográfica, caracterizado por el tránsito de altas a bajas tasas de fecundidad, natalidad y mortalidad. Por ejemplo, la tasa global de fecundidad descendió sustancialmente hasta situarse en 1,7 hijos por mujer en 2025; paralelamente, el número de nacimientos se redujo en un 4,5% y la tasa de mortalidad se ubicó en un 5,3%.
En su conjunto, la transición demográfica incide directamente en la tasa de reemplazo poblacional, estimada en 2,1 hijos por mujer, lo que cambia la estructura demográfica por grupos de edad y sexo. Esto genera una reducción de las cohortes de niños y jóvenes, frente a un incremento de la población en edad adulta y de adultos mayores.
La disminución poblacional impacta al sector educativo tanto en el diseño de políticas públicas como en la planeación académica y financiera de las instituciones, dado que la matrícula en educación media (grados 10° y 11°) actúa como un embudo para la educación superior. A pesar de que la cobertura neta en educación media aumentó levemente al 46,48% en 2024, esta cifra sigue siendo críticamente baja al compararla con los logros alcanzados en educación primaria y básica secundaria.
Estos efectos operan en cadena: si las cohortes de bachilleres que presentan las pruebas Saber 11 son cada vez menores, tendencia observada desde 1996, la demanda real por cupos universitarios se reduce ostensiblemente. A esto se suma una elevada tasa de deserción universitaria y una intensa competencia por atraer estudiantes. Existe, además, un factor socioeconómico relevante: las familias de ingresos medios y altos, demandantes tradicionales de programas en universidades privadas, redujeron su fecundidad de forma temprana, manteniendo una tasa de 1,7 hijos desde 1985. Esto explica por qué la caída de la matrícula es hoy más severa en el sector privado que en el oficial.
Considerando las transformaciones del mercado laboral y las nuevas expectativas de vida, los jóvenes y adultos eligen opciones académicas que garanticen estándares de calidad con mayor flexibilidad en el desarrollo de los planes de estudio, tutorías, horarios y uso de tecnologías de la información, buscando un equilibrio entre la vida laboral, académica y personal. Comparativamente, al analizar el comportamiento de la matrícula por modalidad con base en el Ministerio de Educación Nacional (SNIES 2019-2024), se observa que el pregrado universitario presencial disminuyó un 8,31% y la modalidad a distancia tradicional cayó un 22,6%. En contraste, la matrícula virtual se incrementó en un 162% y la educación dual creció un 3.027%. Asimismo, para el periodo 2022-2024, la matrícula en modalidad presencial-virtual registró un aumento del 305%.
En Norte de Santander, la matrícula de pregrado universitario se redujo un 6,9% y la modalidad a distancia tradicional bajó menos de un punto porcentual, mientras que la matrícula virtual aumentó un 311%. Esta última modalidad es una realidad desde 2024 con 65 programas, aunque aún no hay datos suficientes para una estimación del cambio.
En síntesis, los desafíos de la educación superior en Colombia y en la región se resumen en una caída de la matrícula derivada de la transición demográfica, lo que reduce las cohortes de bachilleres e intensifica la competencia universitaria.
La otra cara de la moneda muestra que la tasa de cobertura bruta universitaria en 2024 mejoró en Colombia hasta alcanzar el 58,4% y el 48,97% en Norte de Santander. No obstante, esto implica que más de la mitad de los jóvenes nortesantandereanos aún no acceden a la universidad. La situación se agrava al observar que la tasa de deserción intra-anual nacional escaló del 4,96% en 2019 al 7,92% en 2024, mientras que en Norte de Santander el índice pasó del 4,96% al 5,27% en el mismo periodo.
Finalmente, la transformación de la oferta académica representa un desafío contemporáneo que exige ajustes en los niveles directivos y de planeación institucional para responder a las demandas de flexibilidad y cambio tecnológico. Este proceso debe armonizarse con mejoras pedagógicas centradas en los aprendizajes, en altos niveles de permanencia y calidad, pues la reputación institucional está en juego. En materia de política pública, el reto fundamental es la financiación y su organización para garantizar acceso con calidad, permanencia y graduación, factores que deben traducirse en mejoras tangibles en empleabilidad y desarrollo regional.
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