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La normalización de lo mínimo
El verdadero riesgo de este escenario de conformidad es la normalización de la mediocridad.
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Miércoles, 11 de Marzo de 2026

La Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 “Cúcuta Cómo Vamos”, publicada el 11 de febrero, revela un panorama social complejo, caracterizado por las tensiones económicas, la creciente desconfianza institucional y persistentes déficits urbanos.

En este escenario, los indicadores de seguridad, movilidad, confianza institucional e infraestructura adquieren un papel central para comprender las condiciones de vida en la ciudad.

Cúcuta, como área metropolitana surgida de procesos de conurbación informales y eje transfronterizo, requiere acciones urgentes orientadas a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes y a garantizar su derecho a la ciudad. En este sentido, la seguridad, la movilidad, el ambiente urbano, la infraestructura vial y el espacio público constituyen atributos esenciales para la convivencia colectiva y el bienestar.

Según los resultados del estudio, en los aspectos de movilidad, el medio más utilizado es el bus tradicional sin ser un sistema integrado (25,48%), seguido por motocicleta (18%) y automóvil particular (16,85%). El transporte informal (7,44%) mantiene presencia relevante.

Esto significa que el modelo actual de movilidad presenta una alta motorización individual con una fuerte dependencia de las motos que además cumplen funciones de sustento económico para una parte de los hogares y demuestra que, en ausencia de un modelo integrado para una ciudad dispersa como la nuestra, la congestión, las emisiones contaminantes y la accidentalidad van de la mano con la informalización del mercado laboral.

Respecto al estado de las vías, mas del 44% de los encuestados manifiestan algún nivel de insatisfacción y respecto al estado de los andenes la desaprobación es aún mayor. El mal estado de las vías y andenes representanmayores tiempos de desplazamiento, inseguridad y riesgo para quienes optan por caminar e implican altos costos de mantenimiento de la infraestructura.

En el análisis de los indicadores ambientales, la percepción respecto a la cantidad de arboles es favorable, pero esto no se traduce hacia una valoración positiva de los parques, calidad del aire y zonas verdes y sugiere que junto con la cobertura vegetal se requiere calidad, mantenimiento y sobre todo seguridad.

Por que cuando el temor a los atracos se combina con la percepción negativa hacia los espacios públicos, el resultado es la deserción de los ciudadanos y desvalorización de lo público, lo cual debilita el tejido social a la vez que las actividades físicas, recreativas y de esparcimiento son reemplazadas por las redes sociales.

Sin embargo, llama la atención el predominio de respuestas como “algo satisfecho” o “ni satisfecho ni insatisfecho” en varios indicadores, lo cual no es un aparente bienestar sino mas bien conformidad y aceptación de los estándares de calidad urbana. En términos simples: la ciudad funciona, pero no genera el bienestar suficiente para satisfacer adecuadamente las aspiraciones ciudadanas.

El verdadero riesgo de este escenario de conformidad es la normalización de la mediocridad. Porque cuando los ciudadanos se acostumbran a vivir apenas con lo mínimamente funcional, pierden la capacidad de exigir soluciones sostenibles, seguras y equitativas de largo plazo.

La verdadera discusión que se ha soslayado es si la ciudad y lo urbano están dentro de las prioridades para que estas ofrezcan condiciones dignas de habitabilidad y también si en quienes tuvieron la oportunidad de gobernar y aspiran a seguir haciéndolo conocen las verdaderas necesidades de la población. Hoy, los resultados sugieren que hay mucho que pensar y mucho más por hacer.


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