Cada miércoles en la noche, mientras muchos se resguardan por miedo a la inseguridad o simplemente descansan, hay una cara distinta de Cúcuta que cobra vida. Una cara que pocos visibilizan, pero que cientos disfrutan. Esa es la noche en que la ciudad se transforma gracias a la Ciclovía Nocturna, una iniciativa que ha logrado reunir familias, jóvenes, deportistas y ciudadanos del común en torno al deporte, la cultura y la alegría.
Este programa, impulsado por la actual administración del alcalde Jorge Acevedo, ha permitido que El Malecón se convierta en un espacio de vida, salud y encuentro comunitario desde las 7:30 hasta las 10:00 de la noche. Allí encontramos actividades como bailoterapia con el Team Alegría, la energía de "Bailando con Migue", zonas para trotar o simplemente caminar y respirar. Todo esto en medio de luces, música y, sobre todo, un ambiente de respeto y comunidad.
En una ciudad que ha sido señalada como una de las más peligrosas del mundo, este tipo de apuestas no solo son valientes, sino necesarias. No se trata solo de cerrar una vía, se trata de abrir un espacio para la convivencia. Y eso merece reconocimiento.
Detrás de cada jornada hay un equipo humano que no siempre se ve, pero que es esencial: el grupo logístico para la ciclovía del Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte (IMRD). Son ellos quienes garantizan que cada detalle esté listo: señalización, cierres viales, sonido, hidratación, atención al ciudadano y montaje general. Coordinados por el señor Henry Montes, estos 15 trabajadores le ponen el alma a su labor, y aunque a veces reciben malos tratos o indiferencia por la comunidad, nunca les falta el compromiso.
Quiero resaltar también la gestión del director William Correa y del subdirector José Chaparro, quienes han liderado con determinación y compromiso. Así mismo, el respaldo institucional de la presidenta del Concejo, Carime Rodríguez, y de toda la corporación, que han apoyado para que este tipo de programas puedan llevarse a cabo con éxito. Sin voluntad política y administrativa, esto no sería posible.
Lamentablemente, en medio de este esfuerzo, algunas voces que se autodenominan veedoras han intentado empañar el trabajo con señalamientos sin sustento. La veeduría ciudadana es fundamental para el control social, pero no puede convertirse en un instrumento de división o politiquería. Criticar por criticar no construye. Señalar sin proponer, tampoco.
Esta columna nace no para defender una administración, sino para reconocer a quienes están haciendo las cosas bien. A los que trabajan cuando otros solo comentan. A los que hacen posible que Cúcuta tenga espacios donde se respire vida, comunidad y esperanza.
Y como gesto de reconocimiento, quiero cerrar esta columna nombrando uno a uno a los 15 muchachos del equipo logístico que hacen esto posible cada semana: Marlon Sánchez, José Luis Rincón, Fabián Villamizar, Fabián Labarca, Jorge Pérez, Jairo Prieto, Andrés Barrios, Johan Pérez, Manuel Botello, Giovanny Sajonero, Valentina Duque, Lizeth Rodríguez, Jenny Valencia, Yomaila Velásquez y quien les escribe, Steven Pérez, es uno más de ese equipo humano del IMRD. Me siento orgulloso de ser parte de esta transformación que cada miércoles llena de energía a nuestra ciudad. Desde la logística, también se construye comunidad. También se hace patria.
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