Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
Inteligencia sin juicio
Como con la linterna del celular, el problema no es tenerla, sino no advertir cuándo está encendida.
Authored by
Lunes, 27 de Abril de 2026

Muchos hemos visto a alguien caminar con la linterna del celular encendida sin advertirlo. Quizá más que un problema técnico se trata de falta de atención. Algo similar empieza a ocurrir con la inteligencia artificial.

Hace unos meses circuló un video en el que el padre Jaramillo, de El Minuto de Dios, recomendaba un producto de colágeno. El video, sin embargo, era falso. Había sido generado con inteligencia artificial. La conocida estafa del “tío”, en la que se clona la voz de un pariente para simular una urgencia, es hoy más creíble. La tecnología ha perfeccionado el engaño y ha reducido el esfuerzo necesario para ejecutarlo.

En paralelo, se ha vuelto cotidiano que estudiantes recurran a estas herramientas para resolver tareas y exámenes. Allí donde antes había un recorrido, leer, pensar, equivocarse, hoy aparece la posibilidad de acortarlo sin que necesariamente se advierta lo que se pierde en el camino.

No es la primera vez que una innovación despierta este tipo de inquietudes. En el siglo XIX, los luditas destruyeron telares por temor a perder su trabajo. Décadas después, en Estados Unidos, se cuestionó el uso de calculadoras en la educación básica por considerar que debilitaban el cálculo mental. En ambos casos, la preocupación no era del todo infundada, pero tampoco detuvo el avance tecnológico.

La inteligencia artificial permite producir resultados con rapidez y corrección formal, pero no modifica por sí sola la relación que cada persona debería tener con lo que hace. Como advierte Byung-Chul Han, “El espíritu escapa a la pura cantidad y al número. No cuenta números, explica. En cambio, la inteligencia artificial solo puede contar, pero no explicar. Pensar es explicar. La inteligencia artificial tan solo administra cuantías”.

De ahí que la discusión no deba centrarse en la herramienta, sino en el lugar que se le asigna. Cuando sustituye procesos que no han sido previamente apropiados, empobrece. Cuando se incorpora sobre una base sólida -como una mente relativamente bien “amueblada”-, permite avanzar con mayor claridad. Comprender seguirá siendo una tarea personal e intransferible.

La inteligencia artificial, en ese sentido, no desplaza capacidades humanas, sino que hace más evidente su presencia o su ausencia. Reduce el margen para disimular la falta de comprensión y, al mismo tiempo, permite que el trabajo bien hecho se distinga con mayor nitidez.

La discusión, entonces, no gira en torno a la tecnología, sino a los hábitos que se consolidan a su alrededor. No es necesario -ni posible- restringir su uso, pero debemos evitar que, en nombre de la eficiencia, se diluya la experiencia de comprender. Como con la linterna del celular, el problema no es tenerla, sino no advertir cuándo está encendida.


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en  https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion . 

Temas del Día