Madrugaba como de costumbre y, a veces, salía de casa para caminar hasta la vía principal y regresar. Pero la rutina se interrumpió la madrugada del 17 de enero. A las 3:40 de la mañana, Jorge Irúe Parada Rozo, de 72 años y nacionalidad venezolana, salió de la vivienda que compartía con su hijo y desapareció sin dejar rastro.
El sábado, la pesadilla de Jorge Alirio Parada Lozano terminó con un lamentable desenlace. Encontró a su progenitor en una zona boscosa del Anillo Vial Occidental, a unos tres kilómetros de su residencia, en la vereda Alonsito. Sin embargo, de él solo quedaba un esqueleto, sin una mano, y el cráneo a un metro de distancia.
La Opinión llegó ayer hasta el sitio del hallazgo, ubicado a un kilómetro de la trocha que atraviesa esa zona montañosa. La dificultad para acceder, los cactus y los candentes rayos del sol pintaban una escena desértica.
Hasta allí llegó Jorge Alirio, pese a su discapacidad, ayudándose con muletas, pues no tiene su pierna derecha.
Un cráneo, el primer hallazgo
Parada Rozo padecía Alzheimer y, en casa, olvidaba dónde quedaba el baño o su habitación. Sin embargo, nunca había intentado salir a deambular. Tras 72 horas sin saber de su paradero, Jorge Alirio Parada reportó la desaparición ante la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc).
El hallazgo del cuerpo se dio gracias a un vecino que salió a buscar sus cabras en esa zona boscosa.
“El ganado estaba amontonado en un lugar, oliendo algo. Él pensó que era un animal muerto, pero al acercarse vio el cráneo de una persona. Intimidado, le comentó el caso a un amigo, quien le sugirió reportarlo, y eso fue hace tres días”, relató Parada.
Sin embargo, el hijo del desaparecido se enteró hasta este sábado, cuando un residente del sector le preguntó si había encontrado a su padre. Al responderle que no, le contó que un conocido suyo había hallado un cuerpo humano cerca y que podría tratarse de su familiar.
Jorge Alirio se comunicó con esa persona, quien le dio las coordenadas. “Me dirigí a la trocha donde me indicaron”, apuntó. Después de caminar un buen rato, halló la dantesca escena.
Las claves: ropa, toalla, cobija y el reloj
Los restos fueron hallados por un vecino que pastoreaba sus cabras. / Foto Leonardo Favio Oliveros-La Opinión
Alirio Parada informó que ese 17 de enero una cámara de vigilancia grabó el momento en que su padre salió al Anillo Vial y tomó la dirección hacia el intercambiador de El Zulia. Ese mismo día comenzó la búsqueda por trochas, preguntando a la gente si había visto a un hombre con las características de la ropa que portaba.
“Vestía una pantaloneta azul oscuro, que el cadáver aún tiene puesta; una camisa azul con blanco, que estaba al lado de la cobija rosada con verde que también llevaba ese día; una toalla y una gorra roja, ubicada a unos cuantos centímetros del esqueleto. En su mano portaba un reloj, que es lo único que recogí y guardé”, relató Parada.
Al ver estas prendas, comprendió que los restos humanos eran de su padre. Además, expresó que también lo identificó por rasgos como las uñas.
“Esto fue una negligencia de las autoridades porque, al momento de hacer la denuncia, si hubieran implementado un bloque de búsqueda, de pronto lo habríamos encontrado con vida. Pero mire: tres meses y ocho días después lo hallamos muerto y en descomposición”, manifestó el doliente.
Resaltó que encontrarlo en ese estado “es duro”. Sin embargo, siente algo de alivio, pues al menos podrá darle cristiana sepultura. Para Jorge Alirio Parada y sus familiares es importante precisar la causa exacta de la muerte del adulto mayor y cerrar este triste capítulo de sus vidas.
A las 11:00 a. m. de ayer, la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) acudió al sitio para realizar el levantamiento de los restos y trasladarlos al Instituto Nacional de Medicina Legal para la necropsia.