La música electrónica no solo era su pasión, era su vida. Frente a una consola, Cristian Alexis Chaparro Contreras, conocido como ‘DJ Piojo’, transformaba cada mezcla en una fiesta. Pero ese talento que encendía pistas terminó abruptamente la noche del jueves en Medellín, donde el cucuteño de 28 años murió en un trágico accidente.
Los vecinos y quienes lo conocieron, en su mayoría, creyeron inicialmente que su muerte obedecía a una decisión fatal. Sin embargo, la familia aclaró a este medio que se trató de una caída accidental desde el parqueadero del quinto piso de un edificio residencial.
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Ese jueves, Piojo, como le decían con cariño familiares y amigos, estaba en una fiesta en un apartamento. Sus últimos minutos transcurrieron entre alegría y música. Era el menor de dos hijos y se había mudado a Medellín hacía un mes y medio, aunque visitaba con frecuencia a su madre en el barrio San Luis, donde nació y creció.
“Los amigos grabaron videos en los que sale cantando y rapeando; a él le gustaba mucho eso”, contó una de sus primas sobre los instantes previos al incidente.
Chaparro, quien ejercía diversos oficios, se ganaba la vida en ocasiones como DJ y participaba en competencias. Disfrutaba estar en el escenario y ver cómo la gente admiraba su talento.
Una llamada que creían estafa
De acuerdo con un familiar, Chaparro estaba en el apartamento de una amiga y se disponía a regresar a su casa. Iba a solicitar un servicio de transporte por aplicación, por lo que se dirigía hacia la entrada del edificio.
“Es una unidad residencial con ocho pisos de parqueaderos en forma de espiral. Él estaba jugando, empezó a correr por el parqueadero y alcanzó a bajar a otro piso. Luego corrió un poco más, pero se tropezó y cayó desde el quinto piso. Estaba en sandalias y se enredó con una de esas barreras que hay en los estacionamientos”, relató su prima.
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Aunque inicialmente cayó sobre unos árboles, terminó tendido sobre el asfalto. Sus amigos bajaron en ascensor y lo encontraron con signos vitales y respiración agónica durante algunos minutos, pero falleció cuando era trasladado a un centro médico.
“A las 8:30 de la noche, aproximadamente, nos llamó el vigilante. Pensamos que era una extorsión. Luego mi tía se comunicó conmigo y me pidió ayuda para agilizar un proceso en la Fiscalía. Le pregunté de qué hablaba y me dijo: ‘Cristian se mató’. Yo le respondí: ‘¿Cómo así que Cristian se mató?’. Pensé que se trataba de una estafa”, relató la familiar.
Ante la incertidumbre, la familia comenzó a indagar para confirmar la noticia, pues ni siquiera los amigos en Medellín se habían comunicado. Además, una hora antes Cristian había hablado con su madre.
Según su prima, el celular del joven estaba descargado y no había forma de contactar a alguien cercano. “Los muchachos estaban en shock”, explicó.
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Un tatuaje lo identificó
Tras comunicarse con la línea de emergencias de la ciudad y exponer la situación, una funcionaria de la Policía los contactó nuevamente.
“Nos hizo una videollamada y nos preguntó: ‘¿Su familiar es monito, blanco, con un tatuaje en el antebrazo?’. Le dijimos que sí. Le enviamos una foto por WhatsApp y luego ella nos mostró una imagen del cuerpo, que solo se podía ver una vez. Ahí confirmamos que había fallecido”, relató la familiar.
Posteriormente, la familia tuvo acceso a las cámaras de seguridad del edificio, con las que pudo confirmar que se trató de un accidente.
Dar la noticia a su madre fue devastador. “Era un muchacho muy alegre, servicial y caritativo”, recordó su prima. Añadió que Cristian hablaba constantemente con ella y tenía planes de viajar para ayudarle a pintar la panadería con la que se sostiene, de cara a las celebraciones del Día de la Madre y del Padre, fechas de buenas ventas.
Una funeraria trasladó el cuerpo y ayer, en la casa de su madre, le realizaron una despedida con música electrónica y la presentación de una DJ, en honor a lo que más le gustaba. Hoy se llevará a cabo la inhumación.
Esta es la tercera muerte trágica que golpea a la familia en ocho meses, tras el fallecimiento de una tía, atropellada en San Luis, y el suicidio de su tío Gerardo Santander Porras, conocido como ‘Muelas’, ocurrido en una zona boscosa cercana a la laguna del barrio.
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