Bajo el sol de nuestra ciudad que no perdona, pero que ilumina las ideas, los gobernadores William Villamizar y Juvenal Díaz Mateus se dieron cita este miércoles. No fue una reunión cualquiera; fue el apretón de manos entre dos hermanos que, tras años de mirar cada uno su propio surco, han decidido que "una sola golondrina no hace verano". Junto a la plana mayor de la Región Administrativa y de Planificación (RAP), anunciaron al mundo el nacimiento de la Marca Región Gran Santander.
Esta alianza no es solo papel y tinta; es un conjuro para despertar la competitividad, la cultura y la conectividad de estas tierras de piedra y café. Los mandatarios buscan que el mundo entienda que, aunque el mapa ponga una línea entre el Norte y el Sur, el corazón de este territorio late con la fuerza de un solo tambor de Carnaval, donde el repique de uno es el eco del otro, llamando a todo el mundo a bailar al mismo son".
Hugo Rodríguez, el timonel de la RAP, fue claro al señalar que esta unión busca transformar el esquema en una entidad territorial con "garra". Según Rodríguez, no se trata solo de burocracia, sino de reconocer que a estos departamentos los cosió la misma aguja de la historia y los hidratan las mismas nubes de los páramos.
"Somos el séptimo hijo de esta figura asociativa en Colombia. Hoy, los hijos del Gran Santander nos enteramos de que ya no somos islas, sino un archipiélago de 27 departamentos que hoy integran la RAP. Somos una sola identidad dispuesta a sacar pecho en cualquier vitrina nacional o internacional".
Para Villamizar, este paso es la oportunidad de poner a brillar lo que tenemos "en el escaparate": desde el empuje empresarial hasta el sudor de nuestros deportistas. Es un plan pensado para cuatro millones de almas (2,6 millones de santandereanos y 1,5 millones de nortesantandereanos) que habitan en los 127 municipios, donde la neblina de las montañas se abraza con el calor de los valles.
La marca no viene con las manos vacías. Hugo Rodríguez Mantilla destacó obras que parecen sacadas de un sueño de prosperidad:
En Cúcuta: La resurrección de la Zona Franca y la creación de un Centro de Eventos que será el espejo de la innovación.
En Santander: El embarcadero de Topocoro, ese mar domesticado que hoy une a varios pueblos bajo su espejo de agua.
El objetivo es ambicioso: inflar esos $137 billones del PIB conjunto (el 7.9% de la riqueza nacional) para que el dinero no se nos escape como agua entre los dedos. Con la mirada puesta en la "nueva realidad" de Venezuela, el mensaje fue contundente: "No podemos quedarnos viendo cómo pasan los contenedores ajenos por nuestras trochas como si fueran ánimas en pena; tenemos que llenarlos con lo nuestro".
Esta es la historia de cómo dos pueblos berracos decidieron que la dificultad es solo el abono para la oportunidad. ¡Muchos éxitos para esta nueva estirpe!
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