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Cúcuta pavimentada, alma abandonada
¿Entonces el problema es el alcalde que se dedica a repartir cemento para aumentar su nivel de aprobación?
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Jueves, 5 de Junio de 2025

Una de las principales dificultades que tenemos como sociedad es la incapacidad para identificar los problemas que nos asechan, y ante esa situación, cualquier solución es bien recibida así no brinde ninguna mejora profunda. 

Por ejemplo, nos han enseñado que uno de los principales problemas de Cúcuta es el mal estado de las vías, y cuando este tema se somete a debate público, todos repetimos “sí, la malla vial es una prioridad”. 
Así nos van imponiendo una agenda con una lista de soluciones que nos hacen creer necesarias para mejorar la ciudad y sí, el mejoramiento de las vías es importante, pero no debería ser la acción principal de una administración. 

Acá la desnutrición de niñas y niños, la trata de personas, desaparición forzada, el abandono de las zonas rurales y las economías ilícitas parecen quedar en el olvido cuando nos pavimentan una calle, y la alcaldía lo sabe. 
Un hueco se puede cubrir con pavimento y el cemento nos ayuda a nivelar superficies. Los dos componentes actúan como una cortina que no nos permite ver lo que hay debajo. 

¿La gente está enojada? Pavimentemos una calle. Ante las demandas de una ciudadanía que siente que no hay avances en la administración, anunciemos un plan de mejoramiento de la malla vial ¡Y FUNCIONA!

¿Entonces el problema es el alcalde que se dedica a repartir cemento para aumentar su nivel de aprobación? No lo sé, el alcalde es un estratega político que tiene muy claro cómo mantenerse en el centro del debate. El problema somos nosotros y el sistema que nos ha llevado a vivir de manera cómoda e individual la vida. 
O díganme ustedes si en algún momento se han puesto a pensar en qué está pasando en la vida de los habitantes de los 10 corregimientos rurales de Cúcuta teniendo en cuenta que algunos están sometidos por los grupos armados. 

¿Han pensado en los trabajadores informales o en aquellos que están siendo explotados en el centro de la ciudad? Porque si el dinero para pavimentar las calles se lo invirtieran a las zonas rurales para garantizar la presencia del Estado y su conexión con el centro de la ciudad, entonces no pavimentemos ninguna calle. 

No pavimentemos calles si con eso podemos solucionar por lo menos un día de comida para los que no tienen sustento. ¿Para qué cemento si hay niños y adolescentes que, por desigualdades profundas, terminan vinculándose a grupos delictivos? 

Yo no quiero calles pavimentadas si la violencia nos sigue aterrorizando o si me sigo encontrando con noticias de mujeres asesinadas sin piedad y humanidad alguna. 
Pero eso no nos moviliza. Nos preocupa más estar a la moda y consideramos que el mundo se acaba cuando, -por culpa del alcalde- tenemos que arreglarle la suspensión a nuestro vehículo, o nos demoramos 15 minutos en una vía en regular estado. 

A los cucuteños y colombianos parece que nos mueve más lo que pasa en La Casa de los Famosos y los conflictos que se dan entre las y los personajes que la integran, dice el profesor Aldemar Niño. Y es muy triste estar de acuerdo con esa afirmación porque en ese punto perdimos como sociedad. 

¡No perdamos de vista lo importante!

Por eso no podemos dejar que el cemento nos asombre y debemos pedirles a los alcaldes que cumplan con su trabajo con eficacia y efectividad. 

La pavimentación se agradece, por supuesto, pero hay prioridades y Cúcuta es grande, con la zona rural sumida en problemas profundos y estructurales que quizá ningún alcalde se ha atrevido a cambiar en la historia de la ciudad. 
A ver si, por fin, nos atrevemos a pensar en una ciudad donde el cemento no tape la miseria, sino que sirva para construir un futuro con dignidad.


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