Durante años se ha repetido que Cúcuta es una ciudad joven. Pero los datos muestran una realidad mucho más compleja: Cúcuta no es una sola ciudad, sino un mosaico de territorios con estructuras demográficas muy distintas que hoy están siendo gobernadas como si fueran iguales.
Hace poco el profesor de economía de la Universidad de Pamplona Sadan de la Cruz Almanza, en su cuenta en X compartió una información de libre acceso de la población de los barrios, y el mapa que está en el POT, vale la pena aclarar que las cifras utilizadas corresponden a estimaciones elaboradas con base en datos oficiales del DANE (Censo).
Algunas diferencias frente a otras fuentes pueden surgir por procesos de agregación y redondeo estadístico; sin embargo, las estimaciones reflejan adecuadamente las tendencias generales del fenómeno analizado.
Más allá del número de barrios, lo relevante no es solo cuántos somos, sino cómo estamos distribuidos por edad. Hoy, cerca del 21,8% de la población son niños, 25,6% son jóvenes, 40,9% adultos y 15,4% adultos mayores; esto significa que casi la mitad de la ciudad está en edades de dependencia o transición hacia el mercado laboral, una realidad que debería estar guiando las decisiones sobre infraestructura urbana, educación, empleo y servicios sociales.
Pero cuando miramos el mapa de la ciudad, el problema se vuelve más evidente: la estructura demográfica no es homogénea.
Algunos barrios concentran enormes volúmenes de población y funcionan como verdaderos nodos urbanos, como el caso de Ospina Pérez, es el barrio más poblado de la ciudad, seguido por Motilones, Antonia Santos y Aeropuerto.
Estos territorios concentran miles de hogares, niños y jóvenes, lo que debería traducirse en una mayor oferta de colegios, parques, espacios deportivos, transporte y equipamientos urbanos; pero la pregunta inevitable es: ¿la infraestructura pública de Cúcuta realmente sigue esta lógica demográfica?
El análisis territorial muestra también que el envejecimiento está concentrado en determinados barrios, algunos de ellos con índices de envejecimiento muy elevados.
Barrios como Sayago, Prados, Caobos, La Riviera entre otros, presentan algunas de las mayores proporciones de adultos mayores respecto a población infantil.
Estos sectores representan territorios donde la transición demográfica está más avanzada. Allí la demanda no es tanto por nuevos colegios, sino por servicios de salud, accesibilidad urbana, transporte adecuado y redes de cuidado para adultos mayores.
En el otro extremo están los barrios más jóvenes, donde la proporción de población infantil y juvenil es considerablemente mayor. En estos territorios (muchos asociados a expansión urbana reciente) la presión sobre el sistema educativo y el mercado laboral futuro será mucho más intensa; si en estos barrios no se expanden colegios, espacios públicos, formación técnica y oportunidades laborales, la ciudad estará incubando problemas sociales.
El verdadero problema es que la planificación urbana de Cúcuta sigue siendo uniforme en una ciudad profundamente desigual en su estructura demográfica.
Por medio de un ejercicio exploratorio que realicé, la evidencia espacial muestra además que estas características no están dispersas aleatoriamente: los barrios con perfiles demográficos similares tienden a agruparse territorialmente, formando verdaderos clústers de juventud o envejecimiento dentro de la ciudad.
Esto significa que las políticas públicas deberían diseñarse a escala de barrio o de territorio, no desde una visión general de la ciudad; en otras palabras: no se puede planear la misma política educativa para un barrio lleno de niños que para uno donde predominan los adultos mayores.
Cúcuta enfrenta hoy una transición demográfica silenciosa. Mientras algunos barrios envejecen, otros están entrando en una fase de fuerte presión juvenil.
Gobernar esta diversidad requerirá algo que la ciudad aún no ha desarrollado del todo: planificación urbana basada en evidencia territorial. Porque si algo muestran los datos es que el futuro de Cúcuta no depende solo de cuánto crece la ciudad, sino de cómo responde a sus propias transformaciones demográficas. Y esa conversación todavía no está ocurriendo con la seriedad que merece.
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