Son diferentes los recursos empleados por los candidatos a la presidencia de Colombia en las campañas respecto de los que se promueven ante los potenciales electores. Acuden a todas las formas de convencimiento, pero la mayoría de ellos no se cuida de incurrir en contradicciones cargadas de mentiras, con las que ponen al descubierto sus complicidades con hechos reprochables e incluso delictuosos. Son varios los casos que se han vuelto recurrentes en ese amasijo propagandístico con el que se pretende presentar como verdad lo que es una falsedad inocultable e irremediable. Y pareciera que eso no les importaría por creer que los seguidores que pueden apoyarlos son ingenuos y se tragan todos los “sapos” que les ofrecen.
La candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, se autoproclama impoluta y dice que no le pueden imputar relación alguna con personas involucradas en casos delictuosos, dejando de lado sus vínculos con congresistas ya condenados por la justicia. Y no toma en cuenta que ella es partidaria de los actos de gobierno de su jefe, Álvaro Uribe Vélez, cuando este fue presidente de Colombia, y que en esa etapa se dieron ejecuciones extrajudiciales contra jóvenes inocentes, acusados falsamente de vínculos con la guerrilla, para justificar el exterminio de quienes fueron víctimas. También están las estremecedoras masacres consumadas con la venia oficial y el estímulo a la formación del paramilitarismo criminal. ¿Y la complicidad con familiares que se apoderaron abusivamente de tierras y que debieron finalmente devolverlas a la nación?
Otro expediente semejante corresponde al candidato Abelardo de la Espriella, quien se considera apto para engañar a los colombianos. Su propia copartidaria, Vicky Dávila, reseñó su conducta negativa cuando comenzó a agitarse la competencia entre los aspirantes a la presidencia. Lo que responde como defensa de su “buen nombre” no pasa de ser un tejido de contradicciones que, de todas maneras, lo deja enredado en contradicciones inocultables.
No hay duda de la intención engañosa de algunos de quienes están en la baraja para la presidencia. Sus discursos son deleznables. Se surten con la savia de la mentira, del resentimiento y de la perversión, en detrimento de las propuestas coherentes y articuladas con la realidad, sustentadas en la verdad.
No tiene validez pretender construir una propuesta de gobierno con base en la distorsión, cuando los problemas que pesan sobre la comunidad exigen un tratamiento prioritario en las soluciones requeridas.
Los electores colombianos deben ser conscientes de que el nuevo rumbo del país no puede responder a un tejido frágil de contradicciones. Llegó la hora de consolidar proyectos que respondan a la magnitud de los problemas que representan males como la desigualdad, la pobreza, la violencia con todos sus horrores, la falta de servicios esenciales para la comunidad y muchas otras necesidades crónicas insatisfechas frente a las cuales ha predominado la indiferencia de quienes han tenido en el pasado el manejo de la nación.
¿No es mejor tener paz, garantizar la salud y la educación de calidad, poner a producir la tierra y salir de tantas situaciones abismales recurrentes que siguen padeciendo los males acumulados?
Puntada
Buena noticia para Ocaña: la creación de la seccional del Sena. Un proyecto prioritario.
ciceronflorezm@gmail.com
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