Con la masacre del pasado martes, en zona rural de Ábrego, Norte de Santander pasa a la cabeza junto a Antioquia y Cauca como los departamentos con más masacres registradas en lo que va corrido del presente año: seis, en total, en cada uno.
Hasta el 30 de abril el departamento contabilizaba 5 masacres, pero con la del pasado martes 19 de mayo, en la que murieron seis personas, entre ellas, Freiman David Velázquez, integrante de la junta directiva de Asuncat y coordinador de Jovencat (Juventud del Catatumbo), igualó a sus homólogos de Antioquia y Cauca, aumentando el derramamiento de sangre a manos de bandas criminales y guerrillas del Eln y disidencias de las Farc.
En contraste con la política de paz total que impulsó el gobierno del presidente Gustavo Petro en su mandato que está por terminar, esta condición de violencia sistemática (cada semana ocurre una) pone a Colombia con su peor cifra de masacres en una década, según las cifras que reseña Indepaz y la Defensoría del Pueblo.
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Quiénes están matando, contra quiénes es que se dispara y por qué en Norte de Santander. Según familiares, organizaciones sociales a las que pertenecían las víctimas e, incluso, autoridades, lo que ocurre en el departamento es similar a lo que está pasando en el país: guerra por el control territorial, el negocio de la coca y venganzas, y detrás de estos fenómenos se enfrentan el Eln, las disidencias de las Farc, y un tercer actor armado, las autodefensas gaitanistas de Colombia, en alianzas con bandas internacionales, entre esas varias venezolanas y de carteles del narcotráfico de México.
Lo que sucede es que en apenas cinco meses de 2026 Colombia ya registra 56 masacres, incluida la ocurrida en el presente mes en Norte de Santander, según el más reciente informe del portal Acuérdate de la Verdad, elaborado con base en datos de Indepaz.
Las cifras reflejan un deterioro de la seguridad en varias regiones del país, en especial en Norte de Santander, escenario de la más cruenta guerra de guerrillas desde enero de 2025, cuando se desató la peor crisis humanitaria de las tres últimas décadas, con más de 120 muertos, entre líderes sociales, defensores de derechos humanos, firmantes de paz, confinamientos de comunidades enteras en el Catatumbo y más de 65.000 personas desplazadas.
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El balance, con corte al 10 de mayo, concluye que, en promedio, cada semana se ha cometido al menos una masacre en algún rincón del territorio nacional.
La Comisión de la Verdad, en su Informe Final, lo describió claramente: las masacres demostraron que la violencia en Colombia no tiene límites y nunca han sido hechos aleatorios o aislados. Cuando un grupo armado decide asesinar a varias personas en un mismo tiempo y lugar, lo hace para provocar terror y paralizar cualquier intento de resistencia comunitaria o social.