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Judicial
Muerte de Freiman Velásquez: la persecución que terminó en masacre en Norte de Santander
Todos fueron víctimas de un crimen perfectamente planeado y ejecutado, que no dejó margen para la supervivencia.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 20 de Mayo de 2026

En Norte de Santander, levantar la voz por una comunidad, defender un territorio o liderar causas sociales parece haberse convertido en una condena. Las amenazas, persecuciones y ataques de los grupos armados siguen cobrando vidas. Por eso, el caso de Freiman David Velásquez no fue un hecho aislado ni fortuito.


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Se trató de la culminación de una persecución de largo tiempo, en la que el conflicto armado terminó imponiéndose. Un líder social más perdió la vida y, además, otras cinco personas quedaron atrapadas en esta tragedia.

Junto a él fueron asesinados sus escoltas, asignados por la Unidad Nacional de Protección (UNP): Robinson Carvajalino y Sebastián Murillo. También murieron otras tres personas: un hombre y una mujer que aún no han podido ser identificados, y Mayerlis Joselin Hernández Ramírez.

Todos fueron víctimas de un crimen perfectamente planeado y ejecutado, que no dejó margen para la supervivencia. Según el reporte preliminar entregado por la Policía de Norte de Santander (Denor), el ataque habría sido perpetrado por integrantes del Frente Camilo Torres Restrepo del Eln. . El violento episodio ocurrió en la mañana de ayer, 19 de mayo.


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En Oropoma

El grupo se movilizaba por la vía Ocaña–Ábrego en una camioneta Mitsubishi, de placas JVV-240. Sobre las 11:30 de la mañana pasaban por la vereda Oropoma, zona rural de Ábrego. Cerca de una estación de servicio fueron interceptados y atacados.

Hasta el momento, las autoridades no han entregado detalles oficiales sobre la forma exacta en que ocurrieron los hechos. Sin embargo, la principal hipótesis señala que varios hombres armados con fusiles aparecieron a un costado de la carretera y abrieron fuego contra la camioneta blindada.

Fueron decenas de disparos. Los impactos atravesaron prácticamente toda la carrocería del vehículo. No hubo un solo espacio que escapara a las balas: ventanas, puertas y diferentes puntos de la estructura terminaron perforados. Como describieron algunos testigos: “llenaron la camioneta de plomo”.

Dentro del vehículo quedaron tres cuerpos. Uno de ellos era el de Freiman, quien iba sentado en la parte trasera. Vestía una camiseta blanca que terminó teñida de sangre. Permaneció en su asiento, con la cabeza ligeramente inclinada y recostada sobre la ventana.


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Junto a él quedó una de las mujeres, quien vestía una camiseta deportiva verde, bluyín y tenis negros. Presentaba múltiples impactos de bala en la cabeza y los brazos. En las sillas auxiliares traseras quedó Mayerlis.

Su cuerpo quedó inclinado hacia la izquierda, con varias heridas ocasionadas por proyectiles que ingresaron por el costado derecho y le causaron la muerte inmediata. Detrás de ella permanecían una almohada sobre la que iba recostada y un chaleco antibalas.

Fuera del vehículo había otros dos cuerpos. Justo al lado de la puerta del conductor estaba Robinson, quien manejaba la camioneta. Permanecía tendido boca arriba, con los brazos extendidos y una chaqueta verde militar.

A pocos metros estaba el otro hombre sin identificar. Vestía completamente de negro y tenía heridas en el rostro y el pecho. Además, presentaba marcas de suciedad en el abdomen y los brazos, por lo que se presume que habría sido arrastrado.


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El sexto cuerpo

Para entonces, la comunidad salió al lugar para verificar lo ocurrido y se encontró con una escena devastadora. No había sobrevivientes.

Los habitantes dieron aviso a las autoridades, que llegaron para confirmar inicialmente cinco asesinatos.

Sin embargo, algo no cuadraba: dentro de la camioneta se movilizaban seis personas y faltaba el cuerpo de quien ocupaba el asiento del copiloto, el otro escolta de Freiman.

Tras inspeccionar los alrededores, los investigadores lo encontraron varios metros más abajo, en un canal de aguas lluvias bajo un puente.

Allí estaba Murillo, tendido boca arriba, herido de muerte tras recibir múltiples impactos de bala en distintas partes del cuerpo, entre ellas la cabeza, el tórax y las piernas.

El caso quedó en manos de las autoridades, que avanzan en la investigación para establecer los móviles y los responsables específicos de esta masacre. "De manera inmediata, la Policía desplegó todas sus capacidades institucionales, en articulación con las Fuerzas Militares y la Fiscalía, con el propósito de adelantar las acciones investigativas y judiciales que permitan esclarecer este homicidio múltiple", manifestó el coronel Jorge Andrés Bernal Granada, comandante de la Denor.


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Víctimas Oropoma
 
Solo así agachó la cabeza

Freiman, de 29 años, era un reconocido líder del Catatumbo que vivió y luchó por su territorio. Su vida reciente se había complicado debido a constantes persecuciones, amenazas y atentados; aun así, nunca se dejó vencer.

“Me dolió tanto verlo con la cabeza agachada después de muerto, sabiendo que en vida jamás le agachó la cabeza a nadie ante ninguna situación”, comentó una allegada.

Durante su trayectoria ocupó múltiples cargos comunitarios y recientemente hacía parte de la Asociación por la Unidad Campesina del Catatumbo (Asuncat). También se desempeñó como presidente del Consejo Departamental de Juventudes.

“Cuando fue presidente fue inamovible. Jamás nadie logró comprar su palabra; siempre fue firme en las decisiones que tomábamos”, contó a este medio una líder social que trabajó con él.

‘El Presi’, como era conocido en su entorno cercano, tenía un hijo con quien compartía fecha de cumpleaños: el 3 de mayo. Sus allegados lo describen como un hombre de familia que siempre soñaba con volver a su casa, en el corregimiento San Pablo, en Teorama.


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Sin embargo, hace más de un año tuvo que abandonar su tierra debido al recrudecimiento del conflicto armado en el Catatumbo.

Fue un día después del fatídico 16 de enero de 2025 cuando se conoció la desaparición de Freiman, quien entonces era coordinador general de la Asociación de Jóvenes del Catatumbo (Jovencat). Terminó siendo expulsado del territorio en medio de los desplazamientos masivos.

Aun así, jamás abandonó su labor social y siguió luchando por los derechos de jóvenes y campesinos, aunque ello lo expusiera a múltiples riesgos.

Uno de esos episodios ocurrió el pasado enero, en un hecho similar al que terminó costándole la vida. Mientras se movilizaba con su esquema de seguridad por zona rural de Tibú, hombres armados interceptaron el vehículo, obligaron a los ocupantes a descender, los inmovilizaron y les robaron el armamento. En esa ocasión resultaron ilesos.

Pronunciamiento oficial

La Defensoría del Pueblo rechazó la masacre. Además, recordó que el hecho ocurrió en una zona sobre la que ya había advertido riesgos por la violencia en el Catatumbo. La entidad pidió acelerar las investigaciones, reforzar las medidas de protección para líderes sociales y exigió a los grupos armados detener las agresiones contra la población civil.

Además, advirtió que el asesinato de Velásquez representa un fuerte golpe para los procesos juveniles, campesinos y comunitarios de la región.


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