Por: Vivamos Humanos
Catatumbo devastado, deshumanizado y en crisis humanitaria. Han sido 12 meses donde a la población de esta subregión se le limitó el derecho a vivir en comunidad: hay familias desintegradas por el desplazamiento, aumentó la desconfianza entre vecinos y amigos por el reclutamiento forzado y la confrontación entre los grupos armados (Ejército de Liberación Nacional -Eln- y el Frente 33 del Estado Mayor de Bloques y Frentes -EMBF-).
Uno de los saldos más dolorosos es la angustia colectiva por el uso indiscriminado de drones que caen en cualquier lugar y por la instalación de minas antipersonal en casas y escuelas que ha dejado más de 1.000 niños y niñas sin poder regresar a estudiar.
Durante estos 365 días, al Catatumbo le arrebataron la ilusión de soñar, no solo con la posibilidad de vivir en paz, sino hasta de dormir tranquilos. En una de las Comisiones de Verificación liderada por Vivamos Humanos, la ONG fundada por el expresidente de Colombia Ernesto Samper, la comunidad narró que es tan angustiante vivir ahí que prefieren dormir con ropa de calle por si deben salir huyendo para salvaguardar sus vidas.
La degradación del conflicto armado en esta región de Norte de Santander es tan fuerte que algo tan cotidiano como beber agua potable se volvió imposible; acceder a alimento ahora es un privilegio y obtener medicinas es casi una odisea. Sucede porque los caminos para llegar a las fuentes hídricas están minados y las vías son controladas por los actores armados. Para esta población, habitar sus casas se volvió una zozobra y una decisión riesgosa que muchos asumen sólo para no ser despojados de sus bienes.

Hay otro efecto silencioso de la guerra: la crisis de salud mental. Según las conversaciones en puntos como Campo Seis, Bertrania y Versalles, del municipio de Tibú, y Filogringo del municipio de El Tarra, la población afirma que aumentaron los casos de depresión, intentos de suicidio, llantos permanentes, miedo a la hipervigilancia, entre otros.
Pocos han hablado e identificado estos casos que no generan tanto impacto mediático, pero evidenciarlo fue el resultado de la Comisión de Verificación liderada por Vivamos Humanos que registró casos específicos que demuestran un conflicto armado degradado, deshumanizado y poco atendido por el Gobierno Nacional.
Se preguntarán, ¿cómo trabajar por la paz en uno de los territorios más afectados por el conflicto armado en Colombia? Como dice nuestro fundador, Ernesto Samper “nosotros construimos paz porque le perdimos el miedo a la guerra y lo hacemos de la mano con las comunidades en sus territorios”.
Por esta razón, Vivamos Humanos ha insistido en la aplicación del DIH para que a los liderazgos sociales no los usen como un escudo salvavidas y les exijan, con argumentos, a los actores armados el respeto de su vida. En este proceso de formación ya se han visto casos de éxito, como madres que citando el DIH han recuperado a sus hijos del reclutamiento forzado, comunidades que han exigido el paso de los alimentos, su libre movilidad y la entrada de brigadas humanitarias.
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Durante este trabajo de formación y acompañamiento, el equipo de Vivamos Humanos -la ONG dirigida por Camila Cuasialpud y fundada por Samper- han dedicado más de una década a escuchar las problemáticas del Catatumbo, lo que le ha permitido al exmandatario ser un vocero legítimo de este territorio.
Por ejemplo, desde que inició esta escalada de violencia en enero, hizo eco a los llamados de las comunidades invitando al Gobierno Nacional para que ‘no’ se decretara una Conmoción Interior, sino una emergencia humanitaria que permitiera “coordinar todos los esfuerzos institucionales para proteger la población civil inocente mediante: corredores humanitarios, misiones médicas, refugios, extracciones de lideresas y líderes amenazados e intervenciones de la Cruz Roja Internacional, para después tener no solo presencial social del Estado sino una seguridad humana que respete la vida de las comunidades”.
Esto no fue escuchado. Decretaron la Conmoción Interior que trajo para el Catatumbo más segurismo que seguridad y demostró, una vez más, la insuficiente respuesta institucional, la escasa presencia social del Estado integral y la poca garantía de seguridad para quienes permanecen en el Catatumbo, a pesar del empeoramiento de las condiciones de vida en el territorio.
Para enfrentar todo lo que le dejó el 2025 al Catatumbo y evitar más daños a la población, Vivamos Humanos propone distintas acciones inmediatas como: crear una política estatal para humanizar la guerra, aplicando el DIH; decretar un cese al fuego y de hostilidades multilateral; implementar una estrategia interinstitucional para evitar un nuevo escalamiento en diciembre y enero de 2026; activar corredores humanitarios, brigadas de salud mental y desminado urgente.

No podemos permitir que nuestro país siga normalizando la crisis humanitaria en el Catatumbo y se olviden las alarmantes cifras. De acuerdo con el Reporte Humanitario de Vivamos Humanos, hay más de 35.000 personas confinadas, 70.000 desplazadas y 150 homicidios. Lo que deberíamos hacer es exigir que pare la guerra e insistir en que, mientras esta termina, se haga más humana con la aplicación y el respeto del DIH.
Es primordial hacer un homenaje a los liderazgos sociales y defensores de derechos humanos del Catatumbo, quienes a pesar de la crisis humanitaria y de ser testigos en carne propia de la degradación del conflicto armado no se rinden en la búsqueda de la paz.
Hay que agradecer a las madres del Catatumbo que rescatan a sus hijos de las manos de la guerra, a las organizaciones sociales que trabajan por sostener sus comunidades y defender su territorio y al pueblo barí, por ser los guardianes de su región, entre otros protagonistas que por su lucha colectiva mantienen viva la esperanza.
El 2025 no dejó un panorama de paz para el Catatumbo, pero sí un trabajo consolidado y colectivo entre Vivamos Humanos y su población para continuar construyendo paz territorial. ¡Los y las catatumberas tienen el derecho de vivir en paz, soñar tranquilos, recuperar la vida en comunidad, acceder a agua potable, alimentos, medicinas y educación de calidad!
Como la paz merece mil oportunidades, el 2026 será una más para que el Catatumbo salga de la guerra y se convierta en una verdadera región de paz.
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