Acorralados, producto del miedo infundido por los grupos al margen de la ley, se encuentran habitantes de los municipios de la provincia de Ocaña y la zona del Catatumbo durante los últimos días.
Los constantes hostigamientos, instalación de artefactos explosivos, grafitis en las paredes con propaganda subversiva, paros armados, enfrentamientos e intimidaciones mantiene en vilo a la población civil, que, en medio del fuego cruzado, clama el cese de los actos terroristas.
El caso más reciente se registró el pasado fin de semana en el municipio de San Calixto, donde un civil resultó herido y entidades como la Personería municipal sufrieron destrucción parcial de las instalaciones.
El personero de esa población, José Luis Franco Pinzón fue enfático al afirmar que las balas vienen de parte y parte, y es el pueblo el que queda entre el fuego cruzado. Le preocupa los señalamientos y recalca que ha sido neutral a la hora de reclamar los derechos de las víctimas.
Temen un desplazamiento forzado de la gente que huye por los oleajes de la violencia. “Señor gobernador ¿por qué tan alejado de la situación, acaso San Calixto, Teorama, El Tarra, Convención y Hacarí no pertenecen a Norte de Santander?, preguntó Franco Pinzón.