Este 27 de marzo se recuerdan seis años de uno de los momentos más simbólicos de la pandemia del COVID-19: la histórica bendición Urbi et Orbi impartida por el papa Francisco en una completamente desierta plaza de San Pedro, en el Vaticano.
La escena, que dio la vuelta al mundo, mostró al pontífice caminando solo bajo la lluvia en medio del silencio, en un contexto marcado por el confinamiento global, el cierre de templos y la paralización de la vida cotidiana.
En marzo de 2020, cuando la incertidumbre dominaba a millones de personas, el papa encabezó una jornada extraordinaria de oración en la que concedió indulgencia plenaria y envió un mensaje centrado en la fe y la esperanza en tiempos de crisis. En su intervención, invitó a la humanidad a reencontrarse con la solidaridad y a enfrentar el miedo con confianza.
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Durante la ceremonia, evocó pasajes bíblicos para reflexionar sobre el aislamiento y la fragilidad humana, destacando la necesidad de mantenerse unidos espiritualmente pese a la distancia física. Además, hizo un llamado a dejar de lado la autosuficiencia y abrir espacio a la fraternidad y al apoyo mutuo en medio de la adversidad.
Al finalizar el acto, el pontífice encomendó al mundo a la protección de la Virgen María y elevó una oración de consuelo, en un gesto que fue interpretado como un abrazo simbólico para millones de personas afectadas por la pandemia.
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