Las recientes decisiones del gobierno de Donald Trump han golpeado con fuerza a las organizaciones que dependen de financiamiento estadounidense, dejando sin recursos a múltiples proyectos de inclusión y derechos humanos.
Juliana Martínez Ph.D, Profesora de American University, Washington, D.C, advierte que la eliminación de fondos tiene un efecto cascada que afecta no solo a grupos LGBT, sino también a iniciativas de prevención de violencia de género, educación sexual y salud reproductiva.
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Uno de los mayores impactos es el corte inmediato de financiación, lo que deja sin respaldo económico a muchas organizaciones que prestaban servicios esenciales a la comunidad. Sin estos recursos, las iniciativas pierden operatividad y se ven obligadas a cerrar o reducir significativamente su alcance.
Martínez explica que el impacto no se limita solo a quienes recibían dinero de manera directa. “No solo se ven afectadas aquellas que reciben financiación directa por prestar esos servicios, sino también aquellas que reciben financiación de Estados Unidos y financian a otras personas que sí prestan esos servicios”, señala.
Además, USAID opera bajo un sistema de reembolso, lo que significa que muchas de estas organizaciones han invertido dinero en proyectos con la expectativa de recibir fondos más adelante. Sin embargo, con el recorte de financiación, no solo dejan de recibir apoyo, sino que quedan endeudadas.
Un panorama incierto
El impacto financiero no se limita a la cancelación de recursos. Según Martínez, muchas organizaciones ahora enfrentan la exigencia de devolver equipos e infraestructura que han utilizado durante años, desde computadoras hasta vehículos. Sin instrucciones claras sobre cómo hacerlo, muchas están en una situación de incertidumbre total.
A esto se suma un despido masivo de agentes y personal, lo que agrava aún más la crisis. Sin equipos, sin fondos y sin trabajadores, los proyectos quedan paralizados.
El recorte de fondos afecta no solo a las organizaciones en EE.UU., sino también a aquellas en otros países que dependían de programas de cooperación internacional. En América Latina, la eliminación de financiamiento golpea especialmente a iniciativas enfocadas en derechos LGBT, salud pública y prevención de violencia de género.
Sin recursos y con una creciente ola de discursos ultraconservadores, las organizaciones enfrentan un panorama incierto, en el que el acceso a derechos básicos para poblaciones vulnerables se ve cada vez más comprometido.
Con información de La Vanguardia.
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