El auto "abre-puertas"
Llevaban seis años de casados y tenían "buenos trabajos". Habían terminado de construir su casa en las afueras de Buenos Aires, esa que finalmente será el hogar familiar. Deseaban hijos pero antes querían viajar. Comenzó así una aventura de mochileros hacia Alaska.
Alguien les ofreció el auto de 1928, un Graham-Paige, que estaba mal de motor y de pintura. "Ni siquiera arrancaba", evoca Candelaria.
"El auto no tiene los mejores asientos, ni la mejor amortiguación, tampoco aire acondicionado. Es un auto que te obliga a estar alerta. No parece cómodo pero fue maravilloso, fue un 'abre-puertas', sirvió para las ciudades, para el barro, para la arena", se entusiasma Herman.
En los 22 años solo usaron ocho sets de neumáticos y realizaron dos aperturas de motor.
"Si hubiera tenido una 4x4 cero kilómetros ahora ya no existiría, éste está más lindo ahora que cuando salió", se entusiasma Herman mientras despliega hacia arriba la carpa que el auto lleva en su techo y donde duermen los cuatros hijos cuando les toca acampar.
Ya en ruta y con los dos primeros hijos -Pampa, nacido en Estados Unidos, de 19 años, y Tehue nacido en Argentina, de 16- agrandaron el auto. Se cortó por la mitad y le agregaron 40 centímetros y un asiento.
Así quedó preparado para la llegada de Paloma, nacida hace 14 años en Canadá, y Wallaby, en Australia hace 12.
Ahora se sumaron Timon, el perro, y Hakuna, la gata, adoptados durante una reciente estadía en Brasil, donde quedaron varados en 2020 por la pandemia del covid.
Desde el techo, cae una lona que les da privacidad adentro del vehículo, donde duermen los padres. Llevan el maletero como cocina y en el motor pueden cocinar huevos y salchichas o calentar agua. Debajo de los asientos se guarda la ropa y los útiles. Como si fuera un caracol, el coche antiguo sirvió por muchos años de casa familiar.
"Es una casa pequeña pero con un jardín enorme, con playas, montañas, lagos. Si no gusta el paisaje, se puede cambiar", bromea Herman. En la carrocería se lee: "Una familia viajando alrededor del mundo".
En general, los Zapp se hospedaron en casas. Estiman en 2.000 los hogares que los recibieron. "Es increíble la humanidad", se entusiasma Candelaria sobre la solidaridad recibida. "Muchos nos ayudaron solo por ser parte de un sueño".
Pero no todo fueron rosas. Durante el viaje Herman contrajo malaria, atravesaron Asia cuando había gripe aviar, África con el ébola, Centroamérica con dengue.
"Salimos de un covid, entramos en una inmensa guerra, si esperamos el momento adecuado, va a haber siempre una razón para no cumplir los sueños", dice Herman.